Se cumplen por estos días 29 años de uno de los casos más emblemáticos de la historia de Viedma, al menos desde la recuperada democracia.
El asesinato del joven Freddy Pazos, la investigación policial y judicial, las Marchas de Silencio, el compromiso político y su desenlace son parte ineludible de la cronología de la capital rionegrina.
Freddy, un joven integrante de una familia trabajadora residente en el populoso barrio IPPV que lleva el nombre del inminente santo viedmense, Artémides Zatti,  apareció muerto, asfixiado con un cinto que le provocó la muerte, en un camino cercano a la ruta nacional 3, alejado de la planta urbana.
A partir de esa fría mañana de agosto de 1993 se inicia uno de los capítulos más importantes en la vida social, cmunitaria y también política de Viedma.
El hilito de voz de su madre Filomena, aunque vigoroso en el reclamo, comenzó a escucharse en las radios de entonces y en los canales de televisión por cable locales que no trepidaron en apoyar el pedido de justicia.
Políticos de la talla de Eduardo “Bachi” Chironi o Bertea, junto a militantes de Derechos Humanos como Oscar Meylan y Julia García, comprendieron inmediatamente que se estaba ante un hecho donde las garras de elementos vinculados a fuerzas de seguridad habían participado a manera de grupos parapoliciales de la dictadura.
Viedma fue testigo de multitudinarias Marchas de Silencio, que recorrían sus calles en un sonoro pedido de Justicia y unía del brazo a unos y otros.
A las redacciones y estudios radiales de entonces, una Comarca con no tantos medios de comunicación, llegaban comunicados de apoyo de entidades ligadas al comercio, al deporte, a la educación, al arte…
Pero también hubo de todo: versiones falsas, sembradas desde la impunidad; criminalización de la víctima, pretendiendo justificar el crimen y hasta hipótesis tan locas como asesinos llegados de Paraguay.
Todo y de todo circuló por entonces en una Viedma con menos de la mitad de habitantes de hoy.
Hasta que, con el apoyo de una Comisión Investigadora creada en el ámbito legislativo, llega a la ciudad el Perito en Criminalística Enrique Prueguer.
Prueguer desarrolló un tarea descomunal, no exenta de intentos de contaminación, y siguiendo pistas y testimonios de ciertas vecinas y vecinos que no temieron en aportar datos, llegó a un auto abandonado y semi destruido en el depósito de vehículos cercano a la Alcaldía.
En ese resto de hierros y chapas retorcidas encontró la tacha de un borceguí que fue la punta del ovillo.
Así pudo reconstruirse lo sucedido en aquella noche viedmense de agosto de 1993, desde una confitería bowling ubicada en calle Garrone hasta ese descampado donde se arrojó el cuerpo.

Las huellas de vehículo encontradas al lado del cadáver eran idénticas a las del móvil utilizado por Pablo Alejandro Morales, y su compañero, Richard Galván, ambos suboficiales por aquel entonces.

Peor aún. Dentro de ese rodado había manchas de sangre, y la tacha que le faltaba a una de las botas de Pazos. Los policías, que habían sido designados para ayudar a investigar la causa, quedaron contra la pared.

Un año más tarde ya estaban condenados a cadena perpetua, pese a sus intentos de desestimar pruebas y testigos. Galván incluso pidió al Consejo de la Magistratura el enjuiciamiento de los jueces y funcionarios rionegrinos que intervinieron en el proceso.

Hasta uno de los condenados fue liberado en algún momento con la rara figura de “bajo palabra de honor”…

Hoy, aquel camino ya no existe y el descampado de entonces es un sector urbanizado y en crecimiento.

Se cumplieron ya 29 años de un suceso que estremeció a Viedma y a Río Negro y que, lamentablemente no actuó como un “Nunca Más” de los crímenes de este tipo.
Todo lo contrario
Sobran los ejemplos.
Este 14 de agosto hay aún muchos por qué y faltan voces.
Pero ayuda leer a Patricia, la luchadora hermana del querido Freddy:
“Amo, siempre en mi. 29 años ya del día más triste de mi vida, aún me cuesta hablar de lo que paso de lo que vivimos. Una parte de mi se fue con vos y lo más importante es que vos seguís acá conmigo, en mi corazón en mi memoria en mi ser. Hoy te recuerdo con una sonrisa en mi rostro por qué prefiero recordarte como eras luz, amor puro ….. Te amo Fredy hasta el infinito y más allá…”
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