Estos días reapareció el debate en torno a la Asignación Universal por Hijo.
Las voces de “derechas” presentan el tema como un gasto público aprovechado principalmente por mujeres para evitar ingresar al trabajo formal que incluso que “podrían tener hijos” para tal fin.
Lo hacen claro, con un fuerte componente emocional a partir de frases de alto impacto.
El retruco a esas expresiones suelen ser narrativas basadas en datos, cifras y estadísticas.
El argumento basado en el dato parece contundente: el global porcentaje de hijos en titulares AUH es 1.8; es más bajo de lo que supone.
Pero aquí hay dos problemas recurrentes en la comunicación de nuestros días.
Primero. Emoción mata dato. La conversación y la viralidad parece ir de la mano de contenidos que conecten con sentimientos, emociones y estados de ánimo.
Segundo. Lo importante es el ring no la fuerza del boxeador. Es decir el marco desde donde se enfocan los temas.
Quizá, entonces lo mejor sea encarar el marco no solamente desde datos o en el escenario que nos proponen debatir.
En este caso, como ejemplo, la idea sería no contestar con las cifras de los hijos que tienen las mujeres ya que estamos en el ring del otro.
El camino superador podría ser remarcar educación, acceso a la salud, bienestar de niños y jóvenes.
Historias de vida, experiencias de superación, guardapolvos bien blancos caminando hacia la escuela. Otra campaña, otra narrativa, otro ring
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