La Ley 27069 del Honorable Congreso de la Nación instituye el 14 de Junio de cada año como Día Nacional del Barrendero, en Homenaje al Sacerdote Mauricio Kleber Silva, a Néstor Julio Sanmartino y a Julio Armando Goitía, trabajadores barrenderos del Corralón Municipal de Floresta desaparecidos durante la última Dictadura Militar           
(FUENTE: Pbd. Luis García) Mauricio Silva fue Sacerdote Salesiano; en un momento dado de su existencia, se incorporó a las Fraternidades de Foucauld de  Latinoamérica, como Hermanito del Evangelio y, sin dejar de ser Cura, se hizo Barrendero Municipal, para Gritar el Evangelio con la Vida, en Argentina.
Mauricio trabajó en labores diversas del campo, como cualquier peón de los lugares donde vivía; hasta que descubrió su vocación definitiva, la de Barrendero Municipal, y la siguió definitivamente, primero entre los cirujas de Rosario y luego en Buenos Aires, en las Fraternidades de La Boca y Malabia.
Allí conocí a Mauricio. Era un hombre arrollador por su simpatía, sus convicciones y la alegría de vivir, con una profunda espiritualidad, que compartía espontáneamente con quienes estábamos a su lado.
El Corralón de Mauricio estaba en Floresta, de Buenos Aires, donde desempeñó su cargo de Barrendero, compartiendo el trabajo con sus compañeros y participando en sus reclamos gremiales, sin violencia física, sin armas, con su vida y su palabra, en unos tiempos muy convulsionados políticamente. Por ello, Mauricio se granjeó el amor de muchos, que lo tenían por Líder, y el odio de unos pocos, que lo consideraban Subversivo.
No pasó mucho tiempo hasta que sus Compañeros de Corralón Néstor Sanmartino y Julio Goitía fueron Detenidos y Desaparecidos; Mauricio siguió trabajando, hasta que el día 14 de junio de 1977, tres hombres desconocidos lo levantaron en un Falcon Blanco, mientras barría las esquinas de las Calles   Terrero y Margariños  Cervantes, y se lo llevaron nadie sabe a dónde para siempre. Nunca Más se supo algo de él.
Una característica destacada de Mauricio fue una gran predisposición para la amistad con los Barrenderos del Corralón al que pertenecía y con sus familias. El brindaba a los pobres la amistad y la entregaba entera; pero, necesitaba también la de ellos a su persona, para sentirse asumido como uno más, con los mismos intereses, necesidades, sentimientos, alegrías y pesares; solamente entonces, transmitía con su palabra el mensaje del sentido trascendente de la vida, anunciando la buena noticia de la salvación que viene de Dios y el Programa de Vida de Jesús de Nazaret, contenido en las Bienaventuranzas.
Pero eran muchos más los amigos de Mauricio. El sentía como Hermanos a miles de trabajadores de la limpieza de la ciudad de Buenos Aires; por ello, se comprometió cada vez con más decisión en los movimientos gremiales y asociaciones políticas, para defender las reivindicaciones de los pobres y luchar por una sociedad más justa. El amor político a los compañeros de clase era para él una exigencia de la fe cristiana y de su condición de sacerdote; “con un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio”, como hacía Angelelli,  asumió el carácter profético de su consagración cristiana, para denunciar en su ambiente la injusticia, proclamar la verdad y anunciar el Mundo Nuevo de la Fraternidad entre todos los Hombres; despojado de sí mismo, ponía su cultura, su palabra y su coraje al servicio de las causas nobles de aquel tiempo, razón por la cual el nombre de Mauricio fue circulando más y más entre los Barrenderos, asociado a otros Líderes de las Luchas Populares; claro  que  esos nombres se escribieron también en las listas negras de la Dictadura, para abortar de cuajo cualquier movimiento de liberación, que se interpretaba en las altas esferas  como desestabilización institucional.
Los poderosos de este mundo no pudieron resistir la verdad de su mensaje y pretendieron silenciarlo para siempre. Pero la voz de Mauricio, Amigo y Hermano del Hombre, sigue resonando en las conciencias de aquéllos que continúan luchando por el triunfo de sus ideales y por el establecimiento sobre la tierra de la Fraternidad Universal. No solamente es su voz, es el clamor ardiente de 30000 Desaparecidos, anteriores y posteriores a él, que mantienen encendida la antorcha de la Libertad, la Verdad, la Justicia y el Amor entre los Hombres.
(Por: Veremundo Julio Fernández Arguiñano, DNI 14043459)
- Publicidad -