La periodista, actriz, narradora y escritora María Laura Morón recordó en EL TENDAL RADIO a su tartarabuelo, Pantaleón Gómez, quien muere como consecuencia de las heridas sufridas en un duelo contra el general Lucio Mansilla, provocado por un artículo periodístico publicado en “El Medio Siglo”, periódico dirigido por Gómez en 1880.
Morón, en el 90.9 de FM Signos de Viedma, dijo que “estoy convencida que ese fue un mandato de sangre y del árbol genealógico para que eligiera estudiar periodismo”.
La periodista es egresada de la hoy Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata y resaltó el enorme valor de alguien que muere por mantener sus ideas, escribirlas y ratificarlas.
Como homenaje a la efemeride por el Día del Periodista, compartimos la nota de María Laura Morón y su escrito sobre el determinismo histórico de su vocación:
El periodismo y una historia familiar
Mi tatarabuelo se batió a duelo con Lucio Mansilla
Hace treinta seis años recibí mi título de Periodista en la, entonces Escuela Superior de Periodismo, de la Universidad Nacional de La Plata.
Muchas veces me pregunté el por qué esta elección, me gustaban tanto las ciencias exactas como las carreras humanísticas pero opté, sin pensarlo mucho, por el periodismo y a lo largo de estos años me ha dado tantas satisfacciones que puedo afirmar con certeza que NO ME EQUIVOQUÉ.
Eso sí! en aquellos tiempos no había muchas carreras universitarias de Periodismo, por lo que recuerdo las caras extrañas de la gente cuando le decía que iba a ser periodista. “¡eso se estudia?”, me preguntaban y yo, como tantas veces, debía confirmar mi decisión con un rotundo SI ¡!
No reconocía en ese tiempo, a nadie que se dedicara al periodismo en mi familia, sin embargo un histórico hecho en la historia familiar en el 1800 habría dirigido – tal vez- mi elección hacia el periodismo: la vida de Don Pantaleón Gómez.
Don Pantaleón Gómez, mi tatarabuelo, había nacido en 1833 en Buenos Aires, donde cursó sus estudios primarios y secundarios y obtuvo el título de escribano. Con motivo de la revolución del 11 de setiembre de 1852, que tuvo como consecuencia la separación de la provincia de Buenos Aires del resto de la Confederación, Gómez se incorporó al ejército como sargento primero y defendió a su ciudad natal. Por su posterior intervención en las batallas de Cepeda y Pavón fue ascendido a capitán y más tarde a Coronel.
El 27 de diciembre de 1876, el presidente Avellaneda lo nombró gobernador de los territorios nacionales del Chaco y, a pesar de haber desempeñado el cargo menos de dos años, dejó huellas imborrables de su espíritu progresista. Fue así que el 20 de octubre de 1878 se designó como su sucesor al coronel Lucio V. Mansilla.
A su regreso en su ciudad natal, Pantaleón Gómez, ingresó como jefe de redacción al diario El Nacional, fundado por Vélez Sársfield. Eran tiempos de enardecidas, violentas luchas políticas que se reflejaban en la prensa escrita de la época.
Pantaleón Gómez, coronel, escribano y periodista, difamaba con un toque de humor a Lucio Mansilla. Se decía entonces que Mansilla había sido electo diputado en 1876, pero que permaneció en su banca durante un año, hasta que le solicitó a su amigo Avellaneda la gobernación del Chaco. ¿Por qué el Chaco? Mansilla tenía informaciones sobre importantes yacimientos de oro en el Paraguay; es que había fundado junto a un grupo de amigos una empresa, y quería manejar sus negocios auríferos desde la gobernación más cercana.
El Nacional contaba en sus páginas que el proyecto de Mansilla había sido todo un fracaso y, decepcionado, vendió sus acciones, renunció a la gobernación y se marchó a Europa, donde permaneció hasta 1880 cuando regresó para apoyar la candidatura presidencial de Julio A. Roca.
Allá por 1880, Pantaleón Gómez publicaba en la Sección “Ecos del medio siglo” una nota en la que afirmaba en letras negras resaltadas: “Lucio (Mansilla) es un ser ridículo y extravagante, es viejo y cómplice de delitos”.
Las agresiones seguían sin disimulo ni reparo entre las páginas del diario, hasta que un día, viendo pisoteado su nombre, Mansilla, retó a duelo a Don Pantaleón Gómez. A pesar de que el retador había sido su amigo y compañero de armas, Gómez aceptó el desafío. En esa época, Buenos Aires empezaba a convertirse en una ciudad moderna, pero mantenía algunas cuestionables tradiciones, como el batirse a duelo. Los retos de armas eran muy frecuentes entre las figuras más prominentes de la política, el ejército y el periodismo, cada vez que alguno de ellos se sentía mancillado en su buen nombre… “una cuestión de honor sin cuestionamientos”, qué paradoja.
Fue así como en las primeras horas de la mañana, el 7 de febrero de 1880, día de carnaval, Pantaleón Gómez, jefe de redacción del diario El Nacional y Lucio Mansilla se enfrentaron a duelo, en la quinta del escribano Tulio Méndez. Fueron padrinos de Mansilla los coroneles Uriburu y Godoy, y los de Gómez, los coroneles Meyer y Lagos.
Mi abuela y mi madre siempre me relataban este hecho:
– “Parados, apoyados espalda con espalda, se alejaron diez pasos uno del otro. A la tercera palmada de los padrinos, Pantaleón Gómez y Mansilla se dieron vuelta. Pantaleón, más rápido, levantó su arma y, con los ojos puestos en su rival, disparó al suelo. Mansilla, en cambio, no fue tan piadoso, y afirmó con voz fuerte y segura: “al tercer botón de la chaqueta” y perforó su corazón de un solo disparo”.
La historiadora Sandra Gayol en su libro “Honor y duelo en la Argentina moderna”, publicado por la editorial Siglo XXI, sostiene que “a la voz de fuego, Gómez apunta al piso y dispara mientras dice “Yo no mato a un hombre de talento”. Pero no llegó a terminar de decir talento, cuando la bala de Mansilla da de lleno en su cuerpo y cae herido de muerte. El autor de “Una excursión a los indios ranqueles” se acercó a Gómez, agonizante. Se arrodilló y llorando le besó la frente.
Sus restos fueron llevados al Cementerio de la Recoleta; ciento cincuenta carruajes acompañaron el féretro. Formaron parte del cortejo, diputados, jueces, escribanos, políticos, periodistas, comerciantes, hacendados, militares de alta graduación. Allí estuvieron Domingo Faustino Sarmiento, Bernardo de Irigoyen, Juan Carlos Lagos, Emilio Civit, Domingo Urien, Adolfo Decoud, Hortensio Miguens, Luis V. Varela, Evaristo Noguera y muchos otros.
Sarmiento hizo uso de la palabra y, entre otras cosas, dijo: “¡Muerto!… Pantaleón Gómez, el simpático, el fervoroso, el leal, el verídico, el arrogante joven… ¡muerto! Lo ha muerto ese exceso de vida que rebulle en la juventud y brota por los poros, en palabras, en pasiones, en ideas, en sentimientos, en patriotismo prodigado sin mesura[…]”.
Siete días después del duelo, el 14 de febrero de 1880, el secretario de la Corte Suprema pidió al jefe de Policía se sirviera informar lo investigado, por configurar un hecho punible … pero ya en el diario La República del domingo 8, se había dado la siguiente noticia: “El coronel Mansilla se ha embarcado para el Exterior. No sabemos a punto fijo a qué paraje se dirige. Es de suponerse que su ausencia dure algún tiempo”.
Esto hoy me lleva a pensar en la importancia de defender nuestras propias ideas, en la necesidad de respetar y escuchar la opinión del otro que puede ser muy distinta a la nuestra, en… la tarea del periodista. Tal vez como periodistas deberíamos preguntarnos qué estamos informando, para quién y para qué. Hoy parecería que nos estuviéramos retando a duelo entre los medios, sólo que hemos cambiado de arma.
A todos mis colegas, ex compañeros de la Universidad y estudiantes de periodismo, Muy Feliz Día!!

(Por Matía Laura Morón)

- Publicidad -