El predio que ocupa la histórica Escuela Spegazzini en Carmen de Patagones va camino a transformarse en uno de los negocios inmobiliarios más importante de la historia de la ciudad, en un desfile la historia, la cultura, el arraigo y las costumbres se arrojan por la ventana de los inescrupulosos.

El establecimiento está íntimamente ligado a la historia maragata: desde los sueños europeizantes de la Generación del 80, pasando por su señorial perfil típico de la Belle Époque,  los filmes de los ingleses, su labor en Pandemia y los tradicionales Pic Nic de primavera y Día del Estudiante.

EL TENDAL aprovechó las puertas abiertas del establecimiento, cuando profesores y ex alumnos comercializan la producción del lugar, y recorrió este ejemplo de cuando éste era un país decidido a desarrollarse y no -como Olivera le hace decir a Lisandro de La Torre en la película “Asesinato en el Senado de la Nación” – “la torta a la que le quieren hincar los dientes”. 

Las hectáreas ubicadas al noroeste de la ciudad de los maragatos son muy preciadas y de enorme valor inmobiliario y han generado en los últimos años un ya indisimulable interés en especuladores, inversionistas, avezados y no pocos “políticos de pacotilla” que sólo buscan engordar cuentas bancarias.

Luego de la movilización de vecinos, ex directivos, docentes y comunidad de la señera Escuela, en la actualidad las garras de la especulación no han descansado y avanzaron con el guiño cómplice por omisión o participación de representantes institucionales.

Al caminar por sus senderos internos se nota cómo juega el Poder real: deja que las cosas se deterioren para que a nadie moleste su cierre o su venta a precios viles, según convenga.

El esfuerzo de docentes, alumnos y familia choca en estos casos contra la dura pared del silencio y la dejadez.

Poco importa que en estos terrenos existieron los primeros court de tenis de la Patagonia o que hasta aquí venían a salvarse de la feroz Poliomelitis niños y adolescentes de todo el país cuando esa otra pandemia arreciaba allá por 1950

En los últimos tiempos ya ni se oyen las risas y la música de los pic-nic primaverales pero en la memoria colectiva vaya si se los recuerda.

Ciertos apellidos, siempre relacionados, incluso con hilos tejidos desde las sombras de la última dictadura asesina, se ciernen sobre los contornos aristocráticos de un lugar de orgullo.

Aceite de oliva, leche,miel, huevos, hortalizas, verduras y frutas se mezclan por huellas y surcos que ojalá resistan el atropello que está a punto de cometerse si las autoridades bonaerenses no hacen algo en forma urgente.

“El Pueblo ya no quiere lisonjas”, escribió hace más de 130 años atrás una de las mentes más preclaras de este país, Juan Bautista Alberdi.

No hay verdad más absoluta para el rincón con más historia de la provincia de Buenos Aires donde con el disfraz de un “loteo social” se pretende justificar en parte el negocio inmobiliario más millonario de estos lares.

- Publicidad -