Son dos, de las miles y miles de argentinas y argentinos que hoy ofrendaron horas de su vida para un hecho histórico.

Porque, pese a los agoreros de la derrota de siempre, esos a los que les encanta y sacan dividendos con esa cantinela de que este el peor país de todos, la de este 18 de mayo es una jornada que quedará en la historia.

Y no por los gobernantes de turno, sino porque sencillamente cada censo en el derrotero de este bendito suelo es un mojón de referencia.

Lo fue aquel primero ordenado por Sarmiento, como el de 1914 antes del primer voto universal o aquellos que mostraron la influencia inmigrante.

Marina y Marcela salieron muy temprano de su hogar, después de días de capacitarse.

Dios quiera las hayan tratado bien, allí donde tocaron un timbre, golpearon las manos o quizás vocearon nuestro clásico “Ave María Purísima!!!”

Ojalá.

Porque ellas, aquí en Viedma, como sus pares desde La Quiaca a Usuhaia, llenaron con cruces la radiografía de la Argentina ayudando a conocer eso que se llama “PATRIA”.

Una Patria que hoy de nuevo se mira al espejo…

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