“De vez en cuando la vida toma con uno un café…” canta Joan Manuel Serrat.

El catalán usa esa figura en uno de sus clásicos para simbolizarnos que cada cual tiene momentos excelsos en su paso por este mundo.

Que no es uno sólo, sino que aparecen casi siempre sin proponerlos pero que suturan la piel desde el lado de las alegrías.

Si algo demostró este 22 de abril del 2022 fue que ese día el actual intendente de Viedma tomó un café con la vida.

Pocas cosas deben develar más al actual jefe comunal que el sentido de pertenencia en su querida Viedma.

Pesatti, integrante de familias humildes que forjaron aquí su vida cultivando la tierra y premiando las amistades, demuestra ello con o sin confesiones de por medio.

Todo su trajinar está indubitativamente relacionado a mostrar, resaltar, inculcar y promover a Viedma, su historia y su gente.

Por ello, más allá de su profesorado en Letras, es un avezado historiador; un hurgador de las cosas del pasado en la cantera inagotable de datos que resultan Patagones y Viedma.

Sus ensayos, sus cuentos y artículos en medios locales y regionales, sus coleccionables Agendas con efémerides del lugar, no son otra cosa que la demostración palmaria de una necesidad de vocear el ADN de Viedma.

Por ello el ex concejal, legislador y vicegobernador, no cesa de resaltar siempre ese título que resulta de prosapia y suena como “capital histórica de la Patagonia”.

Pesatti sabe, porque además lo debe haber sufrido en su piel, que no hay slogan más falso e impreciso que el que quita a Viedma capacidades y logros.

Decir que Viedma es sólo administrativa cuando se lo dice peyorativamente es en si mismo un insulto: Viedma es administrativa porque su historia la pone como capital de una provincia y ello es un haber, nunca un debe.

El ante último viernes de este abril del 2022 lo mostró al egresado marista con sus ojos plenos de satisfacción.

Se lo adivinó en su timbre al momento del discurso central; se lo sintió en su latido y se le reflejó en sus ojos.

La costanera a pleno con miles de mujeres, hombres y niños celebrándole el cumpleaños a la ciudad le sirvió a Pesatti un café.

En ese palco seguro lo abrazó el maestro Juan Carlos Tassara …

O le susurró algo al oído María Cristina Casadei.

Le habrá palmeado el hombro el doctor Molinari cuando repitió que “Zatti es el viedmense más bueno”, resaltando al mundo que Zatti es viedmense, como para que no queden dudas que aquí se forjó esa santidad.

Si hasta su propio padre, el hombre que dedicó una vida a cosechar amigos,  debe haber guiñado un ojo a la barra cómplice del cielo.

Y hay quien asegura que el mismo Pedro volvió esa noche a su casa, junto a compañdera Laura, silbando bajito “El Amarillo de los Álamos” de su otro maestro, Pascual Lupia

Si algo puede decirse de la actual gestión es que un genuino NyC (nacido y criado) ha recuperado en Viedma el sano orgullo de pertenecer.

Ese orgullo simple que de vez en cuando toma un café con la vida.

Como canta “el Nano”…

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