La habitual misa de cada lunes dedicada a Artémides Zatti en la parroquia Don Bosco de Viedma donde descansan los  restos del ahora Santo contó con el oficio del Obispo Esteban Laxague y la co-celebración de los Padres salesianos Pedro Narambuena, Martin Dumrauf, Lucarelli, Joaquín López Pedrosa y el párroco del lugar.

“Uno tiene que dejar que el corazón hable” dijo en la primera homilía del purpurado después de conocerse la santificación del enfermero.
Recordó que en su caso paticular “al sentir el llamado salesiano me pregunté  si no debía ser coadjutor?. Pero Dios  me quiso cura y descubrí que el Evangelio abre caminos”
Laxague señaló que “Zatti nos regala vivir la fe concreta.
Zatti quiso ser sacerdote y no pudo y fue enfermero y hoy es santo”
En una iglesia colmada, con la presencia del propio intendente Pedro Pesatti, su esposa Laura y familiares y descendientes de Zatti que viven en la Comarca, el prelado indicó que “la santidad no es para algunos sino es a todos que Dios nos llama. El camino para ser santo es sentirse pequeño”
Las iglesias y parroquias viven desde el sábado en esta parte de la Patagonia un entusiasmo peculiar a partir del anuncio papal de autorizar la canonización del humilde italiano que desarrolló su vida en Patagones y Viedma.
“Zatti descubrió gracias a otros que la vida puede ser distinta y terminó su vida dando todo a otros. Debemos celebrar a Zatti pidiéndole que nos ayude ser concretos como lo fue él”, pido el Padre Obispo.
Dijo que “Zatti acostumbraba a cerrar los retiros en Fortin Mercedes y recitaba unos versos mezclando varios idiomas.
Uno de sus brindis terminó asi: para brindar por todos elevo un voto ardiente para que Don Bosco no sienta vergüenza de nosotros”.
“Zatti gozaba con sus deseos. Disfrutemoslo”, pidió Esteban Laxague.
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