(Miche Luberti(ª) Él es mi papa, Luis Luberti. Nació el mismo año en que empezaba la segunda guerra mundial, en Italia, en un pueblito de montaña. Vivió allí hasta que la guerra termino y pudo venirse a la Argentina. Mientras el final se hacía esperar, creció hasta cumplir 11 años. Pocas cosas estimularon su infancia y otras menos la protegieron. Es que la guerra se lleva todo, decía… imagino su niñez lúdicamente silenciosa y a oscuras. Porque había que esconderse y protegerse. Su lenguaje  infantil poblado de muy pocas palabras. Es que había quedado muy poco por nombrar. La guerra se lo había llevado todo… Y su lenguaje fue el reflejo de lo que había visto y de lo que habían visto sus padres Otra guerra mundial, la primera. Fue al llegar a Argentina que su boca pronuncio la palabra barco, mar, cama, auto, cine, tierra y más tierra. Sus ojos se llenaron de imágenes y su boca de un lenguaje, colmado de magia y esperanza.
Así hizo su vida acá, en este país que le dio todo y le quito todo. Le dio trabajo, casa, trabajo, comida, escuela, trabajo, sueños, trabajo, un amor, o dos o tres, trabajo, hijos, nietos, sobrinos, trabajo, ilusiones, trabajo. Pero este país también lo dejo sin sueños y desprotegido. Lo aniquilo, le fulmino una a una las palabras de esperanza que acá había conocido, y así, sencillamente de a poco le quito el sonido de las mismas y el significado de lo que alguna vez aprendió. Luego de un violento asalto que sufrió en su propia casa y las autoridades del momento no hicieron nada y viendo como nosotros lo encerrábamos entre rejas, se sentó a ver como pasaban los que los habían golpeado y torturado, ya no en la guerra ni en Italia, acá, en su patagones amado. Entonces pude ver como sus palabras pasaron a sus ojos, es que el miedo se lleva todo, hasta las palabras. Y así hablaba con los ojos, cantaba con las miradas, recordaba con la vista y lloraba, eso sí, lloraba con el alma pero por sus ojos.
Pasó el tiempo y a sus 82 años le dolía la pierna. Fuimos al lugar a donde acude la gente cuando el cuerpo o el alma duelen, el hospital.  Fin de semana de Enero, con mucho calor, cinco horas en la guardia, recostado sobre una caja de cartón, atendido por un médico nuevo, tan nuevo que parece que nadie lo conocía. Habiendo logrado pasar la inspección de mesa de entrada, donde una señora con muy malos modos lo recibe a uno, lo maltrata con palabras y decide si pasa y si es atendido o no. Lo cierto es que termino internado en sala de traumatología ese mismo viernes a las seis de la tarde. Ni en lo que quedo de ese Viernes, ni el sábado y mucho menos el domingo, ningún médico fue a verlo. Todos atendieron por watshap, indicando y contraindicando segun lo que la playa en la que estaban descansando, cuando tenían que estar de guardia, les decía. Mientras ellxs disfrutaban del calido fin de semana, mi papa se desangraba debido a una hemorragia digestiva provocada por los medicamentos que le dieron. Cuando ya nadie se hizo presente, fuimos por ayuda a terapia intensiva, algún medico tenía que haber…. y así, desde la terapia se empezó a llamar a los que deberían estar en sus puestos de trabajo La Dra. Garro, el Dr. Fernández Guillermo, el Dr. Randazo, el Dr. Jalabert, el Dr. Maggio, La Dra. Mucha, etc,etc,etc
Resumo, el lunes mi papa fue trasladado a la clínica Viedma por intervención y gracia  del Dr. Kowalyszyn, frente a todos los médicos, sus infinitas excusas y sus patéticas disculpas.
Ocho unidades de sangre necesito cuando llego a la clínica y muchos rezos para sobrevivir a semejante crueldad.
Consecuencias y secuelas de esa batalla librada en primera fila, en el hospital de patagones…. ACV, falla renal, cardiaca y otras que me estoy olvidando.
Sorteo cada obstáculo como pudo, siempre acompañado de su familia, pero en silencio. Falleció este sábado 26 de Marzo, a las 12.40hs, en su casa. Falla multiorganica, dice el certificado, yo sostengo que lo mataron todas las injusticias que cometieron con él, quienes debían cuidarlo, ellos que cuando sus familiares necesitan atención, usurpan la última habitación de arriba, la equipan como si fuera un hotel 5 estrellas, y ahí internan a los suyos, atendidos por el personal del hospital, pero como si fuera de ellos, pero que pagamos todos.
Este sábado las palabras que aprendió en este país, se le atragantaron todas a modo de abandono, injusticia, incomprensión, falta de empatía, falta de cumplir con el trabajo, con la palabra, con el juramente que esos médicos hacen, y esas palabras que el personal de salud del Hospital Pedro Ecay no ponen en practica.
A ellos, responzabilizo de la muerte anticipada y muda de mi papa.
El Hospital de Patagones, que tristeza…
(ª) Tomado de Facebook
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