Dicen que es un rezo pagano de los rockeros argentos…

Que todo comenzó de casualidad cuando se supo que el viejo bueno de Osvaldo Pugliese traía suerte.

Ante cualquier actuación, en un escenario, siempre conviene repetir tres veces el apellido y un halo misterioso cubrirá de sano éxito la velada.

La servilleta hecha cuadro de la imagen corresponde a la Confitería Las Gaviotas, en la peatonal de Miramar.

Sus trazos fueron escritos por el enorme pianista que dirigía la Orquesta de tangos donde todos cobraban lo mismo, ya que era una cooperativa de economía solidaria.

Él mismo percibía lo mismo que el encargado de llevar los instrumentos al flete.

En una mesa, el inolvidable “Piri” Natucci, mi viejo Víctor y ambas esposas disfrutaban el recuerdo de unos minutos antes cuando en el Gran Rex el “troesma” había hecho vibrar a los tangueros con “La Yumba” o con temas cantados por Adrian Guida y Abel Cordoba

– “Negrito…qué lindo verte”, dijo cortés sin soltarse del brazo de su esposa Lydia para quedarse allí un largo rato y recordar los años en que “el Vitrola” hacía las veces de Presentador de la orquesta en los Carnavales de Excursionistas o las primaveras del Newbery de Junín.

Y entonces, bolígrafo en mano, escribió esta esquela que forma parte del museo tangible del árbol genealógico.

Fue en la noche de hace justo 36 años.

Aún recuerdo el saco crema de “Vitrola” inflado de orgullo y los LM Lights largos sacando turno en la boquilla del “Piri” mientras contaban la anécdota una y mil veces.

Y pienso que es cierto que trae suerte…

Mucha..

Conviene este 22 de febrero, como aquel de 1986, pedirle al bueno: Pugliese…Pugliese…Pugliese…

 

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