(Conectad+s//FES) La aparición y emergencia de las nuevas tecnologías signaron una serie de modificaciones en la manera de vivir, habitar y estar en el mundo, cambios en las relaciones temporales, espaciales y sociales, entre ellas la relación con el trabajo.

Entre las múltiples y significativas conquistas de los trabajadores y trabajadoras durante el siglo XX la que más se destaca es la de la reducción de la jornada laboral, que establecía límites a la codicia y explotación patronal (o al menos eso intentaba) mediante la delimitación temporal para la jornada de trabajo e instauraba un día de descanso por semana. Se inauguraba así una nueva época donde los trabajadores y trabajadoras gozarían de una mayor disponibilidad de tiempo propio.

El tiempo de trabajo se presenta como un tiempo distinto al de la vida, sin embargo, la relación entre la conformación de la subjetividad y el trabajo parece ser cada vez más estrecha, en este sentido Heidegger planteaba la posibilidad de que los hombres y mujeres se transformen en meros recursos humanos, una suerte de stock viviente disponibles al servicio de la técnica y el trabajo. La dimensión significativa y constitutiva de los humanos estaría casi enteramente definida por su relación con el trabajo. El ser pasa a configurarse en relación a su ubicación en el mercado del trabajo. Las nuevas tecnologías, la aparición de la internet, los celulares y las redes sociales vinieron a estrechar esa relación difuminando las fronteras entre el mundo laboral y el no laboral.

Porque si bien el desarrollo técnico permitió la flexibilización de algunos aspectos ligados a las rutinas laborales como la presencialidad en el espacio físico, el trabajo por objetivos en reemplazo del cumplimiento efectivo de una jornada laboral de 8 horas, así como propulsó cierta democratización del acceso a trabajos a través de la remotidad, añadió otro tipo de problemas que tienen que ver, sobre todo, con la delimitación de los tiempos y la posibilidad de los trabajadores y trabajadoras a estar disponibles a los requerimientos laborales durante todo el día. Así los límites de la intimidad se vieron alterados por el advenimiento de las nuevas prácticas sostenidas a través del desarrollo técnico, que hacen del tiempo de trabajo un flujo ininterrumpido de conectividad permanente y disponibilidad perpetua. La condena a pagar por el desarrollo tecnológico parece ser la imposibilidad de no ser ubicado o rastreado.

De esta forma se volvió totalmente normal recibir llamadas de índole laboral fuera del horario pautado de trabajo, los fines de semana, en feriados e incluso en periodo de vacaciones o licencia. El tiempo de trabajo se expandió hasta clausurar sus propios límites. Como consecuencias vemos repercusiones emocionales, psicológicas, y físicas de los trabajadores y trabajadoras que no pueden evadir los criterios laborales de la nueva normalidad. Así como también, la difuminación de los límites entre el campo laboral y personal no permite planificar el tiempo de ocio que pertenece a los trabajadores y trabajadoras.

La pandemia intensificó estos procesos con relación a la heterogeneidad de los limites tiempo espaciales- laborales donde aparece la imposibilidad de estar por fin fuera del trabajo. Este se presenta como un continuum indisociable de nuestras vidas.

Como consecuencia del reclamo de trabajadores, trabajadoras y sindicatos, y con la intención de reordenar parte de estas prácticas abusivas, comenzaron a establecerse leyes que ponían límites a este tipo de conductas. La ley es la manifestación que intenta poner fin y corregir las prácticas abusivas. El trabajo por objetivo, si bien flexibiliza y difumina la estructura del horario laboral, traza fronteras poco claras en la práctica. Es decir, el trabajo por objetivo cuestiona la idea de presentismo y jornada laboral, que parecen devenir obsoletas. Sin embargo, las derivas de esto pueden signar nuevas formas de explotación laboral aparada en el cumplimiento de las tareas y objetivos preestablecidos. Es en este ítem donde la propuesta del derecho a la desconexión cobra potencia, pues contempla la posibilidad de limitar el tiempo de disponibilidad y conectividad de las y los trabajadores. El derecho a la desconexión es el derecho a no recibir cualquier forma de comunicación desde el ámbito laboral fuera del tiempo laboral pautado o durante los periodos de descanso, vacaciones o licencias, ya sea de superiores, compañeros, compañeras o clientes.

Poder estar disponible para responder o no un mensaje depende enteramente de la actitud del trabajador/a y de su “compromiso”, en este sentido es interesante pensar en la potencia subjetivamente del trabajo (o de las empresas) que hacen que un trabajador o trabajadora decida estar siempre disponible y útil a las solicitudes y requerimientos de la empresa. El compromiso irrestricto es leído bajo el eufemismo de fidelidad, “ponerse la camiseta” es la metáfora aplicada para quienes se autoconvencen de pertenecer a un grupo que se presenta homogéneo pero que, contrariamente, es asimétrico y desigual, y suscita además una suerte de competencia necesaria entre trabajadores y trabajadoras. Decía Deleuze “la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo”.

Lo realmente preocupante es que dicha disponibilidad invisibiliza las desigualdades entre quienes pueden responder mensajes durante cualquier horario y quienes no. En ese sentido, las mujeres, actoras principales de la económica del cuidado, se encuentran con menos posibilidades de estar disponibles que los hombres, esto genera claras asimetrías entre trabajadores y trabajadoras. Por lo tanto, que nadie reciba comunicación alguno fuera del horario pautado de trabajo disminuye las desigualdades, fija las fronteras entre el campo laboral y la intimidad, y no permiten que se erosionen los límites entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio.

Sabido es que la sanción de las leyes no equivale a poner fin a las mismas prácticas que limita, por lo que es necesario que trabajadores y trabajadoras, junto con los sindicatos velen por hacer respetar este tipo de derechos.

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