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Graves pérdidas por el diluvio en la zona

“Yo estoy bien. Perdí todo, pero estoy bien”.

El texto aparece lacónico en la pantalla del wassap. El productor del Partido de Patagones es directo y concreto ante la consulta de este medio. De salud y físicamente, todo bien.

Pero…

Las consecuencias “prima facie” del temporal registrado en la zona son graves.

A un año de fracaso casi total para la cosecha de trigo en el secano del sur bonaerense, se suma este diluvio que inundó parcelas y destruyó casas, mangas, bretes, alambrados, silos, galpones y dañó maquinarias de todo tipo.

El dato más temido aún no se sabe: la mortandad de animales, tanto ganado vacuno como lanar.

Esta vez no fue el viento ni la sequía ni la arena.

Paradojalmente, fue el agua, el tan ansiado y esperado vital elemento el que viene a destruir sueños y capitales.

Y las pérdidas aún son más duras si se coteja lo sufrido por el comercio en lugares claves en Enero como San Blas y Los Pocitos. Si bien el temporal obligó a los turistas y visitantes a quedarse, la imposibilidad de abasto dejó un hueco de cientos de miles.

Ello, sin sumar la incomodidad, apremio y desesperación vivida por los turistas en un sitio lejano a su hogar, sin posibilidad de salir ni de reabastecerse.

Es la primera vez que el Partido de Patagones sufre un daño de estas características.

Hubo algún antecedente, como el de 1968 que -ante las lluvias registradas- hizo que las Sociedades Rurales solicitaran un aporte “ante la mortandad de animales en época de parición”.

O aquel tornado en la zona de Villalonga y Pradere que destrozó algunos silos e infraestructura más acá en el tiempo, allá por el 2010.

Pero nunca un meteoro de este nivel de destrucción generado por el agua.

Cuando se sumen vacas, ovejas, silos, tranqueras, alambrados, casas, galpones, maquinaria, caminos y enseres, la cifra será multimillonaria.

Será tiempo de actuar rápidamente desde las entidades intermedias del sector y los gobiernos municipal, provincial y nacional para recomponer en algo la columna del Haber de nuestro campo cercano.

Y obviar discusiones estériles tratando de confundir en supuestas veredas ideológicas la historia y sus protagonistas.

Apellidos como los que han sufrido este espasmo climático nos vienen de la vida diaria, son conocidos de siempre y se sabe que son gente de esfuerzo y trabajo.

Un esfuerzo y trabajo de varias generaciones que se espera no haya sido en vano y tengan una rápida contención.