En abril de este 2021 sufrió un ACV del que tiene serias secuelas. Sin embargo, no cobró el sueldo de noviembre porque la ley dice que ya usó todos los días de licencia. Un caso terrible de la falta de sentido común en las normas y de quienes las aplican.

Silvia Vila nació en la Línea Sur rionegrina. Con su familia, como tantas otras, un día llegó a Viedma buscando un porvenir.

Fue portera en el Jardín de Infantes que funciona en el Barrio San Martín de Viedma donde sufrió un accidente con un sauce que la dejó ciega de un ojo, pero siguió trabajando en el Estado.

Este año de Pandemia un Ataque Cerebro Vascular (ACV) la sorprendió siendo Portera en la escuela del populoso barrio Mi Bandera de la capital rionegrina.

A pesar de contar con los informes de la Junta Médica y las certificaciones galenas de una prestigiosa neuróloga que le otorgaban licencia aún hasta el 17 de noviembre, los sueldos del último octubre ya no los cobró.

Una odisea inaudita

“Yo tuve el ACV el 4 de abril; primero quedé en sillas de ruedas con pocos movimientos y con poca posibilidad de habla”, recordó en EL TENDAL por el 90.9 de FM Signos

Contó que la dejaron sin sueldo “porque dicen que he agotado el artículo 33” de la ley que establece ese tipo de licencias en Río Negro.

Lo incomprensible es que la medicina dice una cosa y el Estado, otra dejando a una persona abandonada a su suerte.

“Pido por favor a la señora gobernadora y a la señora ministra de Educación que vean mi caso. Qué voy a hacer yo??!!…no quiero ser una carga para nadie”, dijo con la voz en un ahogo incontrolable.

Silvia recordó que “hace unos años, siendo portera en el Jardín de Infantes en el barrio San Martín de Viedma, vi que los chicos corrian riesgo con las ramas de un sauce en el patio y me puse a cortarlo. Eso me generó una lesión en la vista que la perdí completamente en uno de mis ojos”, explicó en la radio.

Con Silvia el Estado rionegrino parece hacer pagar justos por pecadores, habida cuenta que sabido es el abuso que se realiza con las licencias.

“Yo no quiero dar lástima ni mucho menos y le digo a la señora gobernadora y a la señora ministro de Educación que escuchen…”y prácticamente no pudo hablar más por el dolor y la desesperación.

Silvia tiene sólo segundo grado y más de una vez ha hecho las funciones de otros y que a ella no le correspondían por el sólo hecho de atender a docentes y alumnos.

Su caso es una clara injusticia que, de no modificarse en forma urgente, la hará también quedarse sin obra social en apenas dos meses y ya ni cobertura tendrá para su tratamiento.

Cuando una ley no funciona no debe cambiarse a la gente; hay que cambiar la ley.

Aunque en este caso alcanza y sobra con un simple ejercicio de sentido común

Es de esperarse que se lo aplique pronto. Muy pronto…

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