Hace unos ocho años atrás el querido “Negro” Linares lo advirtió desde su amor irrenunciable al río Negro: “lo estamos destruyendo”, dijo -palabras más, palabras menos-.
La notable disminución en los niveles del otrora caudaloso “Currú Leuvú” también fue advertida hace un par de décadas por el biólogo y ambientalista Elvio Mendioroz.

Pero, claro, cuando 1200 metrso por segundo de agua clara y cristalina se iban al mar sin uso ni aprovechamiento, nos pasaba lo que a la liebre del cuento donde corre contra una tortuga.
La escasez nunca iba a llegar.
Pero llegó

Hoy no llegan a 300 los metros cúbicos por segundo que trae el río.
El deterioro es notable a lo largo de su zizagueante curso y también en el estuario cercano a su desembocadura.
Nuestra conciencia aún no despierta porque, como tan claramente también explica Mendioroz, la incidencia de las mareas del mar, que llegan hasta casi 40 kilómetros río arriba, hacen que cada 12 horas veamos frente a las costas de Patagones y Viedma un río supuestamente vigoroso y eterno.
“En breve deberán construirse pequeñas represas frente a cada pueblo ribereño si es que los remeros queremos seguir disfrutando de nuestro río”, advierte el “Negro” Linares.
Mendioroz reclama que Patagones resuelva por una vez y por todas “el vuelco cero” para dejar de enfermar al río.
No hace falta consultar a ingenieros hidraúlicos o a grandes Consultorías.
Desde la contaminación con químicos y el uso a mansalva, pasando por Vaca Muerta y los modelos extractivistas, la postal se explica por sí sola.
Por ahora, a simple vista, tanto las advertencias de Elvio como la profesía del querido Negrito parecen cumplirse.
Inopinadamente…

- Publicidad -