(por Ricardo Carlovich) Mi madre solía decir que ella regresaría a nosotros en una mariposa.
Su inclaudicable fe y compromiso cristiano motorizaba su sentido de una vida después de la vida y lo identificaba en esas alas multicolores que surcan el etéreo de campos, parques y jardines.
Desde los ventanales recuperados del clásico Complejo “La Balsa” yo mismo las he visto en el corazón de la costanera viedmense.
Corrían, saltaban, amagaban, disimulaban ademanes.
La acción iba al unísono de un salabre(ª) enorme, pocas veces visto por estos lares.
Por qué lo hacen?
Acaso se trata de un hobby tan bello como las mariposas?
Son parte de un estudio de campo?
Van a ubicarse entre cartones y vidrios de alguna colección?
Alguna ONG, Universidad o Instituto está registrando tipos y especies de la costa de nuestro río?
Es preferible pensar que se trata de ciertos ángeles enviados por la Divinidad en búsqueda de sus otros adelantados y adelantadas que cubren los espacios donde el ojo avizor no llega.
Lo hacen para cuidarnos, curarnos, guiarnos.
Si las ves haciendo su tarea, con el mismo amor y concentración con que se vieron este sábado tras los cristales de la emblemática “La Balsa”, sólo permíteles seguir.
Puede que le estén ayudando a un ser querido a cumplir con su Misión…
(ª) Salabre: Red áerea antomológica para cazar mariposas

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