Un sábado a la tarde la costanera de Viedma regala uno de los paisajes más bellos que se puedan disfrutar en el hermoso estuario del río Negro.
El verde de sauces y olivillos, en constante contraste con el indubitable perfil europeo de la costa de Carmen de Patagones tiene a la hora en que el mar trepa los 39 kilómetros una postal única e irrepetible.
Y entonces se escuchan las notas de un saxo.
Suaves
Justas
Intrépidas, pero deseables.

Javier Bianculi regala su arte sentadito allí desde donde además puede vigilar su auto.
“Es que me vengo a tocar mientras mi hijito duerme una siestita”, cuenta
Los transeúntes miran con gozo, los automovilistas bajan sus ventanillas.
El sol regala los últimos repiques sabatinos y un jazz romántico se entremezcla con aires de blues…
“Espero no molestar a los vecinos”, dice Javier…
No, troesma…para nada!!!

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