(Por el Padre Luis García).- En este largo camino -aunque corto si lo comparamos con la vida de otros hermanos- hoy es para mí un día para conmemorar, además de evaluar, renovar, fortalecer el Sí. Un Sí que di al Señor en el seno de la Iglesia y, concretamente ante las comunidades cristianas de mi pueblo, (Purchena), las comunidades que acompañé como diácono (Roquetas de Mar, Las Marinas, etc) y ante tantos amigos queridos que la vida ha ido poniendo en mi andar. Y digo corto porque este año tuve la oportunidad de compartir con mi amigo, Paco Grande, sus 63 años de sacerdocio. Sesenta y tres años comprometidos con ilusión en la realidad del Reino. Y como él, tantos otros que son, para mí, una luz en el sendero.

Cuando en mis días de vacaciones junto a la familia, paso por aquella Plaza en la que celebramos mi ordenación sacerdotal, aún puedo escuchar los cantos de fiesta, sentir los abrazos bien apretados y ver los rostros de asombro y felicidad de tantos que hicieron de ese momento tan significativo, un acontecimiento que trascendió lo personal para convertirse en una fiesta de todos. Ese era el espíritu.
El sacerdote surge de una comunidad. La vocación se desarrolla, se enriquece y crece dentro de una comunidad concreta. Por eso cada ordenación, como sacramento de la Iglesia de Jesús, es un acontecimiento comunitario.
Y por la experiencia vivida pido a Jesús que así siga siendo. Que me ayude con la fuerza de su Espíritu, a crecer y fortalecer mi vocación en el encuentro gozoso y alegre con las personas con las que en estos momentos caminamos juntos. Que nos animemos en la fe, que nos acompañemos mutuamente y que juntos diseñemos y concretemos los caminos al servicio del Reino de Dios.
Quiero que me ayuden a ser fiel a mi misión. Pero nunca me pidan que deje de ser libre, o que no exprese lo que realmente pienso o que no intente poner mi nota -aunque sea disonante-, en la construcción de una Iglesia más abierta, más misericordiosa, más maternal, más cercana a los que hoy nuestra sociedad excluye y rechaza. Esto no es negociable.

Cada día me siento más en comunión con Jesús. Y esto me lleva a un amor más grande a las personas.
Es por ello que renuevo mi compromiso en el campo de los Derechos Humanos, trabajando junto a otros hermanos de otras confesiones cristianas, concretamente en el Medh (Movimiento Ecuménico Derechos Humanos) . También en dar forma al diálogo con otras expresiones religiosas no cristianas de la mano de mi amigo Cohen.
Renuevo mi compromiso con las Iglesias de Almería y de Viedma en la figura de sus obispos Esteban y Antonio, mis hermanos sacerdotes, así como con las comunidades que me animaron y que siguen acompañando.
Quiero estar al lado de las comunidades de la Parroquia, buscando la forma de priorizar mi presencia y acción en el Barrio Álvarez Guerrero junto a la comunidad San Juan Bautista. La situación lo exige. Que ojalá podamos concretar desde Caritas el Hogar de Cristo tan necesario.
Mayor presencia y dedicación especial a las visitas a familias, especialmente a aquellas que están atravesadas por diferentes problemáticas y que necesitan de la palabra del pastor.
Opción más fuerte y permanente en la Defensa de la Casa Común y en forma concreta dentro de la Asamblea No Nuclear de Viedma, la defensa de nuestro Río y una oposición abierta a las explotaciones mineras, tanto del uranio como de otros elementos, que pongan en peligro la salud de las personas, la integridad del medio y la ecología de nuestro planeta
Atención especial a la diversidad sexual, acompañando procesos de liberación y ayudando en la búsqueda de felicidad y crecimiento. Descubrir, desde la opción por toda persona, la profundidad que cada uno encierra. Animar a la autenticidad y a tender puentes de encuentro entre las diferentes formas de expresión y de sentir. Y ayudar a la búsqueda de mayor libertad, felicidad y profundo sentido de la existencia, superando posturas individualistas e interesadas, que tiendan a pisotear la dignidad de los demás.
En definitiva, un trabajo más fuerte con el Sueño de Dios (Reino de Dios) en la realidad actual, que trascienda los límites de la propia Iglesia.
Pido a Dios que envíe más obreros a sus campos. Necesitamos de sacerdotes comprometidos y laicos dispuestos a sacrificarse por los demás. ¿Te animás? Si tu respuesta es Sí, trabajaremos mano a mano en la construcción del Reino de Dios.

- Publicidad -