(Por Ricardo Carlovich).– “Gospa” para los croatas es la Virgen María, la Madre.
Ese pueblo balcánico, sufrido y cristiano, cree fervientemente en María que, tal vez como prueba de amor mutuo, se apareció en Medjugorje en los límites mismos con Bosnia.
Bahía San Blas guarda, gracias a la fe Franciscana, un emblemático rincón donde la “Gospa” tiene su hogar de fe.
En el sector norte de la Isla del Jabalí se yergue este solar mariano con innegable sello croata y en el agua de la ría un conmovedor homenaje a los naufragos de todo el mundo

La promesa

El padre Esteban Gregov quiso ser sacerdote, por lo que debió huir del régimen comunista de su tierra a bordo de un bote de madera, atravesando el mar Adriático donde, en plena marejada, le hizo una promesa a la Virgen.

“Yo te prometo, Madre, que si nos salvamos de ésta, alguna vez te construiré una iglesia; no sé si será pequeña o grande, ni tampoco sé donde la levantaré, pero lo haré, te lo juro por Dios”, recordaba el padre.
Luego de estar prisionero en Italia, su viaje a la Argentina se interrumpió en Venezuela. Allí comenzó sus estudios, que continuaron en Perú y se completaron en el convento San Carlos en San Lorenzo.
Pasó por San Blas con sus chicos pobres y nunca más se fue.
Allí cumplió su promesa, la de construir una iglesia.
Y no sólo eso.
Sus restos encontraron el eterno descanso en el sitio donde le cumplió la promesa a la “Gospa”

A orillas de la ría del Jabalí, el padre Gregov inició su construcción en el año 1989, con una ermita de San Francisco de Asís y una capilla de Stella Maris.
En su acceso se pasa debajo de un arco que posee la inscripción Reina de la Paz como se nota en la imágen que ilustra esta nota.
Antes, como emblema de la inagotable fe de los croatas y su amor a la historia y tradición, un molino extrae agua dulce bajo el escudo y bandera croata.

El complejo está compuesto por una ermita de San Francisco de Asís y una Capilla a Stella Maris.
Dentro hay dormitorios, bungalows, una biblioteca y una pequeña capilla dentro de las aguas de la ría, en homenaje a los caídos en el mar, especialmente los mártires del crucero ARA “General Belgrano”.

Es imposible caminar por el lugar, pletórico de vida a pesar de estar cerrado al público y sin ocupantes en este tiempo de pandemia, sin estremecerse hasta en lo más profundo.
Cada detalle de la construcción guarda innegables reminiscencias croatas.
Tanto que uno cree allí estar transitando por Pasman, por Ugljan o por cualquier isla del Adriático croata.
Un Vía Crucis se yergue entre acacias, pinos y olivos y la presencia de la Gospa se siente en cada espacio.
La Gospa está en San Blas, en la puerta norte de la Patagonia argentina.
Tan real y concreta como la promesa cumplida del Padre Esteban Gregov

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