Inicio Editorial La Justicia, el Género y las patas del “gatx”

La Justicia, el Género y las patas del “gatx”

“Buscarle la quinta pata al gato” es una popular y pintoresca expresión de origen remoto pero aún muy vigente, sobre todo en América del Sur. Esta frase se aplica cuando alguien intenta complicar algo simple o demostrar lo imposible, especialmente cuando estas acciones resultan irritantes.
La semana, colapsada informativa y anímicamente por los estragos de la pandemia, terminó con un dato para nada imperceptible en lo que al futuro inmediato de la institucionalidad rionegrina se refiere.
En términos concursales, se conocieron los nueve nombre y apellidos de las postulaciones para cubrir los dos lugares que- entre Agosto y fin de año-, quedarán vacantes en el Superior Tribunal de Justicia de la provincia de Río Negro.
Esa lista es pública y quedará en breve abierta a los mecanismos previstos, aún ante la posibilidad de alguna oposición o censura.
Es interesante detenerse en lo leído y escuchado hasta aquí, no sin antes dejar expresamente aclarado que no hay desde este medio consideración o alerta sobre los concursantes.
Si reúnen las condiciones y no han manifestado o participado en apoyos concretos a ideas o procesos autoritarios y antidemocráticos, nada impide esas postulaciones.
Algunas incluso tienen un alto contenido ideológico, en el más sano sentido del término, por conocerse sus respetables actuaciones en otros ámbitos.
Regresando al punto, la política poco ha dicho.
En realidad, nada.
No sólo porque los partidos más representativos tienen cierta ingerencia en las designaciones, vía Consejo de la Magistratura, sino también porque incluso están también de alguna forma involucrados.
Pero no es allí donde pretendemos llegar.
Ya demasiado tiene, por ejemplo, el Frente de Todos con su insolente desprestigio a favor de legisladores que aparecen como sórdidos operadores judiciales interesados en sostener sus propios JUS una vez que abandonen las bancas.
No. Nada de eso
Lo más interesante hasta aquí han sido las manifestaciones públicas de, por ejemplo, el Colegio de Magistrados y Funcionarios (algo así como el gremio de jueces, fiscales y secretarios).
En un comunicado lo único que reclamaron fue que se respete “la representación de Género”.
Algo similar se leyó de otros colectivos, aunque justo es señalar que el gremio judicial (SITRAJUR) no ha dicho aún palabra alguna.
Esto imposible de saber si fue por el reto, con tirón de orejas y todo, que les propinó la Dra Piccinini o fue por pólvora mojada. La forma en que fueron zamarreados, ninguneados y ridiculizados con la “causa Barreno” los dejó en un silencio que aterra.
El asunto es que la única preocupación es que en un colegiado de cinco miembros se respete lo que hoy ya se respeta y que debe seguir siendo respetado, el Género, como si eso asegurara justicia.
Es tanta la sensibilidad en la materia que se nota en los comunicados de prensa donde los redactores ponen “x” para identificar género!
El tan rico vocabulario español, vapuleado, parece resignarse.
Y, para muestra, el mismo parte de la Justicia rionegrina sobre los nueve inscriptos uso el subtítulo “Las y Los Postulantes”. Con poner simplemente “postulantes” no se rifaba la sexualidad de nadie.
En realidad resultaría mucho más saludable para la Justicia que se lean y escuchen declaraciones pidiendo mejorar el servicio.
Que una causa al poder político no tarde 25 años para que queden todos sobreseídos.
No estaría mal reclamarle al STJ venidero que la justicia laboral deje de dar la primera audiencia para dentro de tres años, tiempo suficiente para que el pobre trabajador que reclama muera en la espera o que, ante un caso que se ajusta a derecho y porque no se atreven a actuar contra una amistad política se ordene “agotar la vía administrativa”, sin señalar cuál es esa vía dejando en un “impasse” eterno la causa.
O que, la próxima vez, no pueda pagarse con tres terrenos la condena de una causa iniciada por haber estafado, precisamente, con 500 terrenos.
No se sabe a ciencia cierta cuándo, dónde y por qué nació aquello de “las cinco patas del gato”. El propio Cervantes pone el dicho en boca de su hidalgo caballero en una de las tantas enseñanzas a Sancho Panza. Tampoco se sabe si era gata o gato.