Aunque con notorias ausencias, se realizó por las calles de Viedma la VII Peregrinación a Don Zatti al cumplirse este 15 de marzo 70 años de su fallecimiento, con fieles de Viedma, Patagones, San Antonio Oeste, San Javier y hasta una delegación de Mar del Plata integrada por descendientes directos del “Enfermero Santo de la Patagonia” que viven en la Perla del atlántico, muchos de ellos incluso enfermeros de profesión.
Ordenada y manteniendo la distancias, la columna partió desde el patio del viejo Hospital, hoy sede del obispado, rodeó la plaza Alsina y fue por Rivadavia hasta el boulevard Ituzaingó antes de desembocar en el predio salesiano de la parroquia Don Bosco donde se halla el mausoleo del Beato.

Fue una ceremonia de alto contenido emotivo, cristiano y comunitario aunque llamó la atención la ausencia de conocidos descendientes de Zatti que habitan Viedma.
Tampoco estuvieron las banderas de los colegios que llevan su nombre o el Vecchi o el Sagrada Familia. Colegios que deben su existencia a la impronta salesiana del más bueno de los viedmenses a quien poco le importaba el dinero más allá si servía para hacerle el bien a otro.
Qué lástima la ausencia de esos alumnos jóvenes y adolescentes que- bien guiados por profesores y autoridades con el adecuado espiritu salesiano- seguramente hubiesen dado un marco aún más propio de un seguidor de Don Bosco.
Si estuvieron altas autoridades de colegios Salesianos de Patagones y jóvenes del Batallón 34 de exploradores que sirvieron de asas para el ingreso de la imagen de la Auxiliadora por todos venerada.
Se vivieron momentos de profunda emoción, especialmente cuando los fieles se detuvieron en la esquina de Mitre y Rivadavia para ser “recibidos” por los integrantes del Circulo Católico de Obreros, entidad a la que Zatti concurría asiduamente.

Una postal del momento fue ver a pasajeros alojados en el hotel ubicado en esa esquina saliendo a los balcones para acompañar con respetuoso silencio la celebración que fue guiada en todo moemnto por la impronta del inefable Padre Pedro Narambuena, uno de los instructores primogénitos en la causa de santificación de Zatti.
Siempre con la presencia del obispo Esteban Laxague entre la procesión, hubo tambuién un momento especial frente al Hospital “Artémides Zatti” donde su director, José Pacayut, salió a recibir a la columna que le brindó en su nombre un cerrado y caluroso aplauso a trabajadores y profesionales de la Salud que tanto hacen en esta Pandemia por el prójimo.

Ya en el predio de la parroquia Don Bosco la Banda de Música de la policía de Río Negro le dio un marco musical especial a un evento que allí alcanzó con la Eucaristía su momento más importante.
“Hoy debemos detenernos en los ojos de Don Zatti. Esos ojos curan, hablan, abrazan y nos guian”, dijo en su homilía el obispo Laxague.
El prelado pidió además que “colaboremos todos para que se materialice el milagro más grande que aspiraba Zatti: que todos seamos hermanos del otro”

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