(Por Ricardo Carlovich) El aborto es ley en Argentina.
Un enorme logro para que la ley consagre la libertad de elegir que tiene un ser humano.
Personalmente, por formación, creencia y posición ideológica, no acepto la práctica abortiva.
Sin embargo, si las convicciones personales exigen respeto debe respetarse las convicciones ajenas.
Ahora bien, por qué el ataque furibundo contra la Iglesia Católica?
Por su historia?
Por su posicionamiento ideológico?
Ello parece no ser óbice cuando se trata de bautizar a un hijo o nieto o buscar un lugar en escuelas y Colegios de cualquier orden católica.
Bautizar, confirmarse, casarse por Iglesia, madrinas y padrinos inclinados antes la pira bautismal, los vestidos blancos en el atrio, quedan bien.
Mandar el pibe al San José o la nieta al María Auxiliadora o al Vechi o al Sagrada Familia, eso es “chic”.
Ahí nadie se acuerda de la terrible historia de “la puta Iglesia”.
Me voy a permitir un ejemplo con algo muy sensible y lastimoso.
En Viedma, para no irnos tan lejos y hablar de nosotros mismos, en los últimos años dos pastores evangelistas fueron acusados y condenados por abuso sexual.
Iglesias evangélicas que condenan el aborto y son aún más conservadoras y duras en sus convicciones que la Católica.
Sin embargo no he leído nunca “los putos evangelistas” para reclamar antes y festejar ahora la ley ayer aprobada en la Argentina.
Nunca he visto arrojar un huevo o colgar pañuelos verdes en esos templos pero si en la catedral local, edifico emblemático de una diósecis que no tiene ni siquiera una denuncia de abuso contra ninguno de sus integrantes
Insisto que acompaño toda consagración de Derechos y, fundamentalmente, aquellos que suelden las libertadas humanas.
Pero debo entender por qué tanto ensañamiento.
Para mis convicciones, que aunque otras son tan sagradas como las de cualquiera, entiendo que el Poder Económico real del mundo libra hoy una batalla final para lograr controlar la natalidad.
No es sólo el problema del hambre en el planeta.
Esa situación límite pone en riesgo serio sus beneficios de clase.
Más temprano que tarde, los que no tienen nada harán cualquier cosa por algo y entonces mejor que no sigan naciendo.
La única voz que se alzó y alertó contra ello fue la del Papa Francisco.
El argentino emitió lo más importante que puede emitir un Papa: su opinión al respecto.
No tiene hoy más ejército que su palabra.
Y parece que con ello los que aplican el bisturí clandestino son curas y monjas.
Volviendo al principio, en la conciencia está el equilibrio.
En cada cual.
Y en la libertad de opción en todos los órdenes de la vida.
También en la libertad de culto.
Elijo aquí lo que el apóstol Santiago, hermano menor de Juan el Bautista, en su Capítulo 1 versículo 25 cuenta haber escuchado de Jesús:“Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla”.
Santiago murió decapitado durante las persecuciones contra los cristianos.

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