La operación está en marcha. Algo parecido a “Mangosta” se cierne sobre Río Negro. El objetivo: minar el poder de la gobernadora y, si se puede, que renuncie a su cargo. Ella lo sabe. Las primeras escaramuzas de cientos de batallas de la guerra de todas las guerras, han comenzado.
La relación entre la gobernadora Arabela Carreras y su antecesor, Alberto Weretilnek, transita por su peor momento.
Dos episodios recientes terminaron por enfrentarlos y la lucha es sin cuartel y en todos los frentes.
Aquel “operativo de rutina” en un puesto caminero descubriendo un bolso con 3 millones de pesos de funcionarios muy cercanos a funcionaria netamente “albertista” en una camioneta oficial, terminó siendo Sarajevo en Bariloche.
El otro, menos perceptible, una especie de toma y daca permanente entre medidas de la mandataria expulsando funcionarios del riñón de Weretilneck, cambiando la guardia de seguridad y el titular de Lotería.
Todo se mezcla y todo irrita y amenaza.
A dos días de la mediática votación por el Aborto, Alberto le clava incertidumbre a Arabela porque ella prometió al presidente Fernández el voto de “sus” senadores.
Es de chicos creer que a 48 horas de la votación Weretilneck se dio cuenta que “algo” le faltaba a la ley.
Es un estilete más de un enfrentamiento de esgrima donde no es necesario correr las caretas.
Editoriales en diarios o reuniones de “raras” escondidas.
La prensa juega siempre sus propios partidos, pero hacer reuniones secretas para que el otro se entere eso si que es de Richellieu.
Uno amaga con Sartor y el “Río Negro” y la otra recuerda que en el 2012 se afilió al peronismo y corre a abarzarse a Martín Doñate, hoy todo un intermediario.
El último contacto entre Carreras y Fernández, cuando se delineó la llegada de las primeras SPUTNIK a Río Negro, permitió escuchar en reiteradas oportunidades eso de “compañero presidente”.
Weretilneck, mientras tanto, descartó para siempre aquella promesa de afiliación pejotista y en su entorno aseguran que su futuro inmediato es, en este tema, lo más parecido a la parábola pichettista.
El “operativo desgaste” tiene como objetivo el sillón del edificio de Laprida y Belgrano de Viedma.
Y están dispuestos a sacar ya mismo las dos bicicletas fijas que mandó instalar la mandataria para mantenerse en forma entre reunión y acto.
Las variantes son dos y ambas proponen al “vacacionador permanente” según la esposa de Fabian.
De máxima, quedarse con el cargo lograda la renuncia.
De mínima, que el actual vicegobernador Alejandro Palmieri sea el diputado nacional por Juntos Somos Río Negro.
Con la segunda opción, en diciembre del 2021 Palmieri asumiría en el Congreso nacional una banca y Facundo López subiría a vicegobernador con todo lo que implica.
Ello y la vuelta de Weretilneck en el 2023 es lo mismo.
Carreras ya no habla con López, se reúne poco con Palmieri y analiza la próxima jugada.
Ella, mejor que nadie y sobre todo mejor que este artículo, tiene elementos de sobra para conocer detalles del plan.
Un millón de pesos habría costado el sistema de rastreo y monitoreo de celulares, cámaras e inhalámbricos contratado en Buenos Aires para saber si se espía o no a la primera dama rionegrina.
El 2021 llega en breve y con él la enorme carga de vacunar en corto tiempo la mayor cantidad de población posible y definir la estrategia electoral para las intermedias nacionales.
La gobernadora, en el segundo ítem, deberá luchar contra verdaderos dinosaurios de la política vernácula, con fabuloso poder de fuego y contra una operación parecida a “Mangosta”, la operación negra de los servicios secretos estadounidenses que terminaron en el asesinato de Kennedy.
Nunca se supo si Mangosta existió o es sólo parte de la imaginación de algún periodista.
En Río Negro no pasaron nunca cosas asi…o si?

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