Vengo hoy a cumplir una promesa de caballero, de hijo y de hincha.
Son esos acuerdos o pactos que aprendemos de chiquitos, donde la sangre pesa siempre más que el agua y nunca se mezcla con el aceite.
Lo único que voy a pedir es que se me libere de dar apellidos concretos y datos filiatorios.
No es que tema alguna represalia, pero prefiero dormir tranquilo con la conciencia
El suceso ocurrió allá por 1980 u 81.
Era sábado y fue en el mes de agosto
Se sabe la mueca del calendario No porque esté registrado, sino que el viento reinante en esa jornada no permite duda alguna.
En agosto, en Stroeder, siempre había viento…
El recuerdo es latente
Frío el dia.
Y viento
Mucho viento.
Y era sábado porque jugaban la quinta y la cuarta división de San Lorenzo y, como se recordará, las divisiones menores de la liga rionegrina jugaban los sábados ya que el domingo estaba reservado para segunda y primera.
Ese sábado ventoso de agosto visitaba el cementerio de los elefantes la casaca amarilla de un club de barrio de Viedma fundado, al igual que San Lorenzo, con mucha impronta de sacerdotes católicos.
Pirincho, el flaco Poletto y el negro Basualdo, como siempre, estaban acompañando a los pibes de Sanlo
Por esas cosas del destino y los transportes de esos años, a Stroeder llegó un equipo formado por pibes del batallón de exploradores y muy pequeños de talla
Mi hermano al arco, Mononi en la derecha, el cabezón Grassi y el cabezón Recondo la zaga de centrales y conejito de marcador izquierdo.
En el medio y adelante el Lucio, el negro Quiriban y Lojito; y otros dos negritos rapiditos por las puntas.
El Pety Guguenay, que tenía máquinas de flipper en el boliche donde paraba La Puntual, prometía fichas gratis a cambio de goles y en el camión del Zoco queirolo se subían las pibas que enamoraban miradas de los anhelos de cracks
Parece verlo al manco Turiel entre el arco y el vestuario gritando cómo ubicarse a cada uno de los locales.
Tardes memorables con los autos puestos de punta a la cancha con los torpedos repletos de caramelos mu mu y media hora.
Un chiste de Osvaldito Curetti hizo reir a todos aunque yo lo único que pensaba era en el pollo al spiedo con ajo y morrón colorado a 50 astrales che de la rotisería de Vicuña…
Ese día había algo especial.
Se respiraba la excepcionalidad
Cada tanto, el viento levantaba una cortina de arena y piedritas que obligaban a sentarse y taparse las piernas estirando la camiseta que apretaban los botines contra el suelo tratando de cubrir lo más posible.
El Hugo Alaiza y el Sapito Alverti; el cabezón Magat y el Coio Pof, el Gordo Rincón y Lechuga Schenfeld….a la cancha, aún para ver los pibes, iban todos.
El primer tiempo ya definió las cosas con un tres cero a favor del local que a los 20 minutos del segundo era un irrefutable 7 a 0.
Justo en el momento en que uno de los nuestros le iba a gritar al Pety que no se olvide de la promesa de las fichas, el viento se transformó en tormenta y la tierra hizo noche al rectángulo de memorables batallas.
No se veía nada…Tanto, que ni las luces encendidas de los autos estacionados permitían adivinar por dónde salir de aquel infierno.
Y el viento voló todo.
Absolutamente, todo
Ni Basualdo ni Poleto ni el Piri alcanzaron a agarrar las planillas
Todo fue un pandemoniun.
El árbitro, el Pechugón Echarren, suspendió el partido pero aclaró que-más allá de lo que resuelva la liga- lo lógico era que San Lorenzo ganara ese partido.
Claro que hubo un gran problema.
Cuando alguien de San Lorenzo repasó la planilla notó que habíamos jugado con 10 y sin aviso al árbitro
E de amarillo jugó con pibes muy chicos y nosotros pasábamos por alto el reglamento.
Nadie en la Liga Rionegrina de Fútbol con sede en calle Tucumán entre Guido y Mitre de Viedma podía creer lo que leía.
La formación de San Lorenzo figuraba con Carlovich, Suárez, Grassi, Recondo y Wagner., Gioventú , Quiribán y Lojo; Carabajal, Colombo y… Maradona!!!
Si…habían agregado a Maradona!!!.
Nunca se supo que se haya anulado ese cotejo
O si realmente ocurrió lo que acabo de contar.
O quizás el Diego no resistió pasar por este mundo sin jugar en San Lorenzo de Stroeder y se escondió en una nube de arena y piedritas…
(Cuento/Ricardo Carlovich)

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