La expresión viene del doble sentido, tan inteligente en la Argentina.
“Ese no tiene todos los patitos en fila” se aplica entonces cuando alguien no responde a los cánones sociales de lógica y cordura.
En apenas dos semanas, la gobernadora Arabela Carreras logró lo que parecía imposible hace un año: encolumnar tropa propia.
Ayudada por la Pandemia y la necesidad del gobierno nacional de establecer alianzas por fuera del Frente de Todos, la mandataria y primera dama rionegrina se fue haciendo su propio redil.
Desde la lejana puesta en órbita del otrora superpoderoso albertista, el ex ministro Domingo, hasta la eyección del recaudador Ayestaran.
De a poco, grano por grano, le fue comiendo los petates a su antecesor.
En estas horas, ayudada por la providencia y la aparición de los autoconvocados hospitalarios, se sabe que es un hecho la salida de otro heredado de la gestión anterior: Fabián “fast foods” Zgaib.
Aunque la obra de ingeniería política más ponzoñosa se vivió en un puesto caminero a orillas del Nahuel Huapi.
Cuesta creer que un simple gendarme se atreva a parar una camioneta oficial de una provincia y cuesta mucho más imaginar al mismo gendarme raso ordenandole a una secretaria de Estado que abra un bolso lleno de billetes.
Si fuese cierta la secuencia, estaríamos ante un caso de anticipación policiaca solo comparable a la sagacidad nazi en el incendio del Reichstag.
En ese puesto caminero se definieron muchas más cosas que sacarse de encima al incómodo Taca.
Se cambió el Jefe de Policía, se pegó muy cerca de Weretilneck y de otros romances de influyentes.
Dinastía, pero al revés.
Caja, Salud y Seguridad.
La Gobernadora parece que tiene los patitos en fila…

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