El crimen de la joven madre ocurrido en San Antonio Oeste pone de manifiesto la enorme brecha que existe al momento de impartir justicia en Río Negro.

El dolor y la desolación que produce un nuevo femicidio no obnubila la necesidad de poner de una vez y por todas las cosas en orden en uno de los tres Poderes del Estado.
Sucede que, sin Justicia, nada de lo otro tiene significado.

Y es precisamente ese rol que le otorga la democracia occidental lo que ha permitido a jueces, fiscales y funcionarios judiciales cobrar los sueldos que cobran.

Muy bien -demasiado bien- pagos para una sociedad que se debate entre terrenos y fideos.
“Revez” significa, según el diccionario de la lengua española, “espalda o parte opuesta a la cara, o anverso de una cosa”.

La salvaje muerte de Carolina ubica en términos de cercanía la penosa caricatura de los jueces del Superior Tribunal de Justicia que llevaron sus háberes a 600 mil pesos promedio en las últimas semanas.

En Pandemia, con gente sin trabajo y-lo que es peor- sin poder trabajar, ellos y a manera de inmaculados dioses griegos se elevan al pedestal al que -lamentablemente- están convencidos de pertenecer.

No lo disimulan.

Y entonces, aparece con toda su fealdad el monstruo que se crió en apenas un par de décadas.

“No fueron doce, fueron dos denuncias las que obran en expediente hechas por Carolina”, aclararon rápidamente desde ámbitos judiciales como si con una sola denuncia no alcanzaría para aplicar el protocolo y obrar en consecuencia.

La Oficina de la Mujer del Poder Judicial rionegrino, tan ávida de organizar jornadas y congresos en lugares tan inhóspitos como Bariloche o Las Grutas, no ha dicho ésta boca es mía en 72 horas.

Y no lo hace, no porque el femicidio haya ocurrido al inicio de un fin de semana, sino por no enojar al superior.

Esa oficina no dirá nada -aunque debería hacerlo a viva voz e inmediatamente- por las dudas de no molestar.

Y así no se construye una sociedad mejor ni se aplica la ley.

Así sólo se sobrevive -y muy bien para ellos- gracias a los beneficios del Estado.
Tampoco dirá nada el Consejo de la Magistratura donde recalan abogados y legisladores.
Como se sabe, entre carneros no hay cornadas.

El Consejo de la Magistratura es ese órgano supuestamente de control del poder Judicial que tardó 11 años en iniciarle acciones a la actual jueza Zágari por la investigación del crimen de Atahualpa Martínez.

En estos 11 años hasta se murió Julieta, la mamá luchadora del infortunado joven viedmense.

Como dice un excelente texto que recorre redes sociales por estas horas, el problema no son las tomas de terrenos, ni “los planeros” ni los que viven en una villa y tienen Direct Tv.

El problema es que miramos demasiado para abajo y muy poco para arriba.

Vendrán marchas de silencio en SAO y notas periodísticas y manifestaciones de solidaridad.

Y todo finalizará con el femicida tras las rejas.

En este caso hasta eso tienen resueltos los fiscales y jueces: ni siquiera tienen que trabajar para resolverlo.

Nadie recordará en un tiempo las denuncias de la infortunada joven ni el silencio de la Oficina de la Mujer ni al acomodaticio Consejo de la Magistratura.

Nadie.

Y una cosa más: la segunda definición de “revéz” es “Golpe que se da con la mano vuelta”.
Los creídos Dioses griegos han golpeado de nuevo

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