El lider de los legislativos, Alejandro Gatica, fue condenado este viernes a 3 años de prisión en suspenso, inhabilitación y exoneración como empleado legislativo y se le impuso una multa de 15 millones de pesos en demanda del daño ocasionado al Estado, aunque quedó abierta la posibilidad de proseguir la causa civil, tanto por particulares damnificados como por el propio Estado.
Para pagar los 15 millones ofreció tres terrenos de un loteo privado “de un amigo”
Como se recordará Gatica, su pareja, los hijos de esta, la Inmobiliaria Angos Asociados y otros integrantes de la Comisión Directiva del gremio APEL fueron reconociendo uno a uno en la Justicia el daño que se hizo y el manejo antojadizo y corrupto del Fondo Especial para la Vivienda Social del Poder Legislativo.
Luego de un festival de juicio a prueba (se da sólo en los casos donde los acusados reconocen CULPABILIDAD), probations y condenas económicas, se supo el 21 de agosto la carga impuesta a Alejandro Gatica, por décadas titular de la Asociación Empleados Legislativos.
El que por años vociferó que todo era una patraña, ahora deberá darse por despedido de la legislatura, devolver al menos 15 millones de pesos y cuidar de no estornudar, ya que 3 años de prisión en suspenso es al pena límite que le permite a un reo permanecer en libertad.
Esta vez no lo salvaron sus contactos con el otrora todo poderoso radicalismo vernáculo; ni sus pretendida pertenencia al peronismo, ni mucho menos los presidentes de bloques de Legislatura que le permitieron poner a hijos y entenados en la planta permanente de la legislatura provincial en diciembre pasado.
Esta vez la Justicia dió su veredicto.
Al aceptar Gatica los cargos, la condena penal obliga a la exoneración como empleado legislativo.
Es más, por la ley 838 (Estatuto del empleado legislativo) todos los miembros de APEL que aceptaron la culpa deben ser exonerados por la legislatura.
¿ Se atreverá Alejandro Palmieri, presidente de la Legislatura, a firmar la exoneración?
Lo cierto es que con Gatica no es tanto el dolo económico al Estado, sino el enorme daño que el sindicalista le hace a su apellido y, especialmente, al sindicalismo.
Gatica, que no sólo ninguneó a peronistas en su gestión, termina siendo aliado de la derecha (“gorilas”) que con él confirman su viejo prejuicio: todo sindicalista es peronista y todo sindicalista peronista es corrupto.

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