Este texto se presentó en Bariloche en el primer aniversario del asesinato de Lucas Muñoz en agosto del 2017 en las Jornadas de Reflexión organizadas por el Proyecto de Investigación que nucleaba a docentes de la carrera de Tecnicatura Universitaria de Seguridad Ciudadana. Está adecuado a este cuarto aniversario sin justicia para Lucas.
(Por Rúben Ángel Suárez).- En uno de los tantos documentos que la justicia de la provincia de Río Negro produjo por el doble crimen de Río Colorado ocurrido el 12 de marzo de 1989, aún impune, la Juez Dra. Flora Susana Díaz decía en 1998:
“(…) A esta altura de mi carrera judicial, no creo que en una causa de esta envergadura y trascendencia, la sumatoria de diligencias deficientes, defectuosas e incompletas hayan sido obra de la casualidad. No hay casualidades sino causalidades. Reitero que me ha sorprendido la extraña selección de indicios que la prevención policial hiciera, dejando de lado datos relevantes que debió colectar”.
A casi diez años del hecho todo era igual al momento en que se encontraron los cuerpos. Seguían las mismas preguntas, pero no había respuestas que dieran cuenta de los responsables y de los motivos del doble asesinato.
Durante ese tiempo ya habían pasado varios fiscales por la causa y fueron condenados dos inocentes que luego debieron ser exculpados. También hubo sospechas de procedimientos fraguados (1), se perdieron pruebas materiales fundamentales y se certificaron autopsias que luego, y con gran estupor para el conjunto social que seguía el caso, los mismos que las hicieron confesaron que no las habían hecho correctamente. A todo esto es necesario agregar que hubo muertes dudosas y suicidios y sobre todo, silencios compartidos entre la Justicia, el poder político y sectores policiales. En un intento de esclarecer el asesinato, se llegó incluso a desarrollar una estructura paralela, como la constitución de la Comisión Legislativa Especial (2) que pudo brindar su informe con gran impacto en la sesión del 22 de diciembre de 1997 en Viedma.
El entonces legislador Eduardo Chironi, integrante de la Comisión decía al respecto en la mencionada sesión:
“(…) El día 13 de marzo de 1989, en un descampado cercano a la localidad de Río Colorado aparecieron los cadáveres de Raquel Natalia Lagunas de 17 años y Sergio Antonio Sorbellini de 19. Estos jóvenes estudiantes fueron acribillados a tiros sin motivo aparente y encontrados en horas del mediodía por el tío de la víctima masculina. El luctuoso hecho tuvo el triste privilegio de constituir uno de los casos no resueltos más enigmáticos y complejos que haya tenido la historia policial-judicial de la Provincia de Río Negro. Por entonces se detuvo a tres personas jóvenes las que fueron llevadas a juicio oral y público y dos de ellas resultaron condenadas a cadena perpetua, contando tanto la policía como la justicia, fundamentalmente como prueba de cargo con una pericia balística y otra pericia sobre cabellos de la víctima femenina hallados en un vehículo que vinculaba a los imputados. Un recurso de casación interpuesto por la defensa de los condenados permitió la revisión de la sentencia y la misma fue declarada nula como así también la requisitoria de elevación a juicio y el debate. La causa, a ocho años y nueve meses de ocurridos los hechos, continúa en la etapa de instrucción, aunque reactivada por las últimas medidas dispuestas por el juez de la causa que son de público y notorio conocimiento, en la que la labor de la comisión no fue ajena. Este caso desnudó las enormes falencias de algunas instituciones esenciales como la policía, toda vez que se condenó a dos inocentes a la más grave de las penas, en el desarrollo de la investigación se perdió un tiempo precioso que conspiró seriamente contra el éxito de la pesquisa y los verdaderos autores de los homicidios aún son ignorados y están entre nosotros”.
l doble crimen de Río Colorado o la muerte de Sergio Sorbellini y Raquel Lagunas, se perdió en el olvido. Si bien hubo una reparación económica para las familias de parte del Estado provincial, no hay hasta el momento una resolución del mismo y mucho menos justicia; no hay condenados de ninguna índole y solamente queda vivo, uno de los cuatro padres de las víctimas. La causa hoy está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos esperando algún tipo de intervención. Las reparaciones económicas no reparan, solamente solucionan la deuda interna del Estado en un solo sentido, el haber jurídico-administrativo. En cuanto a lo actuado por la Comisión Legislativa, los archivos hoy están totalmente descuidados en la sede de la Legislatura provincial.
Cuando Rita Segato analizaba las muertes de mujeres en Ciudad Juárez, daba cuenta de un poder oculto que definió como un segundo Estado, que se manifiesta en paralelo y que se mantiene impune en las sombras. La razón de esa impunidad es la trama de relaciones ocultas que lo hacen eficaz porque ese poder clandestino está imbricado en los pliegues mismos del Estado, haciendo que éste muestre su naturaleza dual, que la misma Segato define como la paraestatalización del estado, liminalidad de la operatividad estatal o cinismo de la excepcionalidad.
Hoy Rita Segato no habla ya de segundo Estado sino de “primera y segunda realidad” y advierte que es indispensable pensar y conectar el nicho “policial”, el “crimen” y los temas de la “seguridad pública”, con el Estado y la política.
El doble crimen de Río Colorado, como ya dijimos hoy desaparecido, pasó desapercibido en lo que hace a la perspectiva del análisis anterior. Es posible preguntarse entonces, si una parte de la justicia, la política y la policía, actuó dentro de ese esquema de paraestatilidad, y si este dispositivo se repitió en muchos de los hechos similares que en Río Negro sucedieron luego de 1989 y hasta la fecha.
Como estamos en una jornada de reflexión es posible entonces, tratar de reflexionar intentando conectar el pasado con el presente.
¿Se ha establecido un modus operandi para estos hechos emblemáticos, que en forma consciente o inconsciente actúa sobre el conjunto social, delimitando campos de funcionamiento que se repiten a lo largo del tiempo y provocando sensaciones de poca sustentabilidad en cuando a las resoluciones de los mismos? Una tesis bastante arriesgada y que necesita un desarrollo acorde al problema planteado y otro espacio de análisis. Es necesario aclarar que no se intenta poner en cuestión el funcionamiento y grado de responsabilidad de las partes, lo cual está establecido por las normas específicas y sobre las cuales tendrán que dar cuenta; sino que se hace mención al “todo visible”, al que nos compete como conjunto social, al que aparece como representación de lo que pasó.
Como aproximación podríamos decir que luego de un primer momento de asombro y confusión, comienza el reclamo por justicia acompañado generalmente por una parte de la sociedad que expresa su solidaridad con los familiares de las víctimas, a la par que se despliegan los dispositivos judiciales y policiales específicos. La parte política se mantiene expectante y refiere a que hay que dejar actuar a los responsables involucrados directamente, aunque ahora, todo bajo un manto de sospecha que real o no, genera un cuadro de incertidumbre. Además, a medida que pasa el tiempo, las pruebas se alejan, los escenarios se vuelven difusos y en muchos casos, la intervención de fuerzas externas en la investigación, complican la credibilidad de las fuerzas propias.
De hecho, una primera mirada sobre los casos más emblemáticos de los últimos veinte años permite de alguna manera afirmar lo dicho.
En otro de los párrafos del documento judicial citado al inicio, la misma Juez Dra. Flora Susana Díaz, decía en 1998:
“(…) Por fin y antes de terminar, quiero poder resaltar que a medida que se avanza en la lectura de la causa, a mi entender surgiría que la investigación ha chocado con las dificultades expuestas y además con las que crea una especie de pacto de silencio que se dejaría entrever por la reticencia de algunos testigos y a través de personas calificadas de Río Colorado”.
Pareciera que cada vez que hay un caso similar a los mencionados, se produce un cuadro de resoluciones anticipadas, donde la incertidumbre, la confusión y la desidia, hacen sospechar de complicidades casi preestablecidas, propias de un poder omnipresente, oculto, pero muy efectivo.

Lo que sigue es la instrumentación de una pedagogía de la desmemoria donde se va a intentar que el olvido sea capaz de subsumir a la tragedia, quedando el recuerdo librado a quienes, por distintos motivos, persistan a lo largo del tiempo.
Hoy nos reúne el primer año del asesinato de Lucas Muñoz, pero ya empezamos a contar los días del segundo año. Mientras tanto, silencio e incertidumbre, casi una resolución anticipada. (S.C. de Bariloche, agosto 2017)
Cuando esto se publique nos va a reunir el cuarto año del asesinato de Lucas Muñoz, pero ya empezamos a contar los días del quinto año. Mientras tanto, silencio e incertidumbre, casi una resolución anticipada.
De esta manera se acumulan las cuentas pendientes de los gobiernos.
El gobernador saliente ya goza de los beneficios de su Senaduría. Mientras tanto la gobernadora entrante, no ha dicho nada al respecto, aunque acumula funcionarios de su ciudad, San Carlos de Bariloche. La Justicia, espera que los tiempos legales desactiven la causa y la clase política (y lo remarco), no tiene el hecho en su agenda porque los cronogramas electorales ocupan casi todo su tiempo.
Por último, la cúpula policial se aferra desesperadamente a su anacrónico e inútil lema del Substine et Abstine, y exige simbólicamente que la familia Muñoz soporte todos los males estoicamente, porque en definitiva Lucas Muñoz entró a la Policía de Río negro para cumplir con ese designio.
En la calle los retirados policiales rechazan la ayuda alimentaria y piden por haberes mal liquidados, pero al mismo tiempo reinvidican la familia policial y tampoco se animan a nombrar a Lucas Muñoz, el abanderado. Lo mismo que pasó con Sergio y Raquel, la memoria de Lucas se va apagando en el tiempo, sin pausa y sin remedio.

(°)Rubén Suárez, docente e investigador en Historia, fue profesor de Lucas Múñoz.

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