Este 2 de agosto, como todos los años, se celebra en la Argentina el Día del Trabajador Gastronómico.
Como todo el mundo sabe, el COVID-19 aplicó un golpe letal a la actividad que nos nuclea y nos da trabajo.
En nuestra región y en lo que a nosotros nos compete, la situación no escapa a las generalidades del planeta: fuentes laborales que se cierran por doquier; imposibilidad de cobrar lo que la ley ordena y la enorme espada de la incertidumbre.
Porque es esta la principal novedad que para nuestro trabajo ha traído el Coronavirus: la enorme duda sobre el futuro inmediato.
Siempre hemos denunciado que en nuestra actividad se registra una modalidad que llamamos “grises”: es decir, trabajadores mitad en blanco y mitad en negro.
Por sus características, el rubro tiene una movilidad e impronta muy particular que nos obliga a la dirigencia gremial a estar atentos y presentes.
Pero esta vez la realidad nos golpea con algo que no se puede enfrentar, la incertidumbre.
Hoy el trabajador gastronómico no sabe si está suspendido ó desocupado, lo que es un verdadero drama.
Pero peor aún: no sabe qué será de la actividad en el futuro si es que la actividad vuelve algún día a ser lo que era, lo que significa un flagelo para la mente de cualquier persona.
Esta vez no habrá mozo, ni sommelier, ni lava copas ni mucama.
Esta vez ni siquiera habrá una copa.
En ese contexto llegamos a un 2 de agosto sin absolutamente nada por festejar.
Pero reafirmamos el compromiso histórico, ideológico y sindical de luchar.
Siempre!!

Roberto Vargas
(#)Secretario General UTHGRA Seccional Viedma

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