Villa Regina era tierra de Juan Bautista Bairoletto allá por 1928.
El esmirriado muchachito de Eduardo Castex ya era un hampon famoso y lo perseguía ese halo romántico de los gánsters de la época.
Tanto que a él lo llamaban “el Robin Hood pampeano”.
La mujer de la fotografía o daguerrotipo era Ana Sferco de Nelli.
Su marido había llegado de un viaje y quiso cigarrillos.
Ella, con una hija de 20 meses, fue al boliche del pueblo con un farol en la mano que le hacía de linterna.
Dentro del almacén los delincuentes y Bairoletto robaban, vieron la luz y descargaron sus armas sobre esa jovencita indefensa creyendo que era algún milico avisado.
La joven, que había llegado de Trieste a esa colonia italiana, cayó inerte víctima de cinco balazos.
La beba creció y dió su amor a la vida.
Una de sus nietas, Ana Ida Piccinini, recuerda esta historia en sus redes sociales.
Es la historia que comprueba que no hay santos entre tiros y delitos.
Sólo mitos que no consuelan el dolor de las pérdidas.

- Publicidad -