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Una semblanza del Museo Emma Nozzi

(Por Carlos Espinoza) El Museo Histórico Regional “Emma Nozzi”, de Carmen de Patagones, está cumpliendo 69 años de trayectoria. La fecha de su inauguración oficial quedó establecida el 14 de julio de 1951, cuando el entonces intendente Carlos Tessari dispuso la creación del museo al que se denominó “Francisco de Viedma”, cediendo las habitaciones de la planta baja del palacio municipal –sobre calle 7 de Marzo- y poniendo al frente de la institución, con carácter honorario, a la maestra normal nacional Emma Nozzi, historiadora vocacional, de fino instinto para la detección de testimonios orales y el atesoramiento de piezas representativas de la vida cotidiana de pretéritos habitantes de la zona.
El museo tiene su historia propia, jalonada con episodios de enorme importancia, que sacuden la nostalgia y los afectos, a la vez que hacen posible una serie de permanentes revelaciones. Todo esto se debe a varios factores. Uno de ellos es que el espíritu creativo e innovador de su fundadora, la inolvidable Emmita, sigue estando presente. Pero, además, por el talento del equipo que heredó la conducción de la entidad. Un grupo dinámico encabezado por Jorge Bustos (que complementó su formación académica al lado de la propia Emma), y por Leonardo Dam ( a su vez discípulo de Bustos, y su continuador ante la inminente jubilación del actual director), más la suma de un núcleo de colaboradores virtuosamente comprometidos con la investigación, la preservación y la difusión del riquísimo pasado de Carmen de Patagones y otras poblaciones aledañas.
Una cuestión que no siempre tiene adecuado reconocimiento es que el Museo Emma Nozzi, originalmente fundado bajo la jurisdicción municipal, pertenece desde 1988 al Banco de la Provincia de Buenos Aires, en su área de Archivo y Museo Históricos del Banco de la Provincia de Buenos Aires Dr. Arturo Jauretche. La decisión adoptada en aquel año por las autoridades del primer banco estatal de la Argentina, al hacerse cargo del mantenimiento de este museo regional, se relaciona con el hecho histórico de que en 1880 en la casona enfrente del muelle de lanchas –un siglo después reconstruida- funcionó la primera sucursal bancaria en esta población austral bonaerense. ¡ Hecho positivo que una entidad financiera dedique una porción de sus ganancias a sostener un museo !
Bustos y Dam son co-autores de un interesante artículo sobre el museo, publicado en el primer semestre del año 2012 en la revista digital “Corpus, archivos virtuales de la alteridad americana”, del que se toma el siguiente párrafo, claramente descriptivo de la importancia de esta institución.
“El museo está situado en una de las esquinas de mayor densidad histórica de la Patagonia. En Carmen de Patagones, a orillas del río Negro frente a los muelles, en la calle de los boliches, almacenes y barracas que fueron transitados desde los tiempos fundacionales. Allí nos desempeñamos los historiadores, museólogos, técnicos y colaboradores. Pero antes que nosotros, por nuestra esquina podían ser vistos Francisco de Viedma, las sufridas familias de inmigrantes peninsulares, los presos deportados, los rudos loberos y balleneros de los mares australes, los corsarios de la guerra con el Brasil, los esclavos africanos, el naturalista francés Alcide D´Orbigny, el marino Piedra Buena, los caciques Llanquitruz, Casimiro Biguá, Foyel y Orkeke, el explorador inglés Musters, el lazarista Savino, las tropas de Roca y el mismo Julio Argentino Roca, los misioneros Espinoza, Fagnano y Cagliero; y bajando desde la colina del Fuerte, las columnas de guerreros vencidos, los ancianos, mujeres y niños mapuches, pampas y tehuelches a quienes se embarcaba desde el muelle para ser trasladados a la isla Martín García en Buenos Aires, la que oficiaba de cuartel militar, presidio y campo de concentración de indígenas. Esos antiguos pasos, gritos, risas, gemidos e imprecaciones hacen eco en los muros de las salas del museo y se vuelven murmullos de historias que se cuentan en los papeles de nuestro archivo. Procuramos que todas ellas cobren forma en los relatos de los guías, en nuestras indagaciones y en las de los investigadores que nos visitan.”
Los habitantes de Carmen de Patagones en particular, y de toda la Comarca que se integra con Viedma en general, tenemos sobrados motivos para sentirnos orgullosos de nuestro Museo Emma Nozzi. Por el valor material de sus edificios –Sede Central y Casa Cagliero, que son contiguas sobre calle J.J.Biedma esquina Pasaje del Muelle; y Casa La Carlota, en la esquina de Bynon y Mitre- y de la colección de objetos que se conservan. Pero, además, también debe considerarse la importancia de todo el patrimonio inmaterial que contiene la entidad, contenido en los conmovedores relatos que se pueden escuchar en las visitas guiadas.
Acerca de esa riqueza material, celosamente conservada en el museo de Patagones, es oportuno tomar otro párrafo del artículo antes citado, con la firma de Bustos y Dam.
“Además de los objetos de vida cotidiana el relato museológico se apoya en una serie de piezas singulares. Por caso una silla de fumar que perteneció al corsario Fourmantin; una cómoda del corsario Harris que concluyó en su descendiente Liborio Justo; objetos de la corbeta brasileña Itaparica; instrumentos náuticos que pertenecieran al marino Luis Piedra Buena, nacido a escasos metros de la sede del museo… Este acervo contribuye a materializar esta historia política que también se encuentra condensada en las pertenencias de los comandantes del fuerte Francisco Fourmatin y Liborio Bernal de las décadas de 1840 y 1870 respectivamente, un cigarro de los que gustaba fumar el coronel Villegas, la platería mapuche y tehuelche o el estoque de un liberto con las incisiones en su hoja recordando a cada rival herido o muerto en duelo. La ampliación del museo a partir de la incorporación a la muestra de la “Casa Cagliero” permitirá un mayor desarrollo sobre la historia de la primera mitad del siglo XX. Lo político se referencia actualmente en fusiles de la revolución radical de 1893 y elementos ceremoniales de la logia local Torcuato Taso que incluyen las columnas del templo y notables fotografías. La colonización agraria, hacia el interior del Partido de Patagones, en tanto, se apoya, además de fotografías, en una pechera de caballo de los colonos alemanes del Volga y una rueda metálica de tractor de la década de 1920.”
¡Todo eso está allí, en esa majestuosa casona, un edificio recuperado desde las ruinas mismas, entre 1986 y 1988 en la etapa correspondiente a la sede central, y después entre 2008 y 2009 con los trabajos para la Casa Cagliero!
Pero también está, en cada cosa y en cada sonido, la memoria siempre presente de Emma Nozzi. Por eso, en esta fecha que abre el calendario del septuagésimo aniversario, este cronista quiere traer un recuerdo personal.
Era una tarde soleada del otoño de 1967, un sábado de los últimos días del mes de abril. Un adolescente de 16 años, llegado a la Comarca apenas un par de semanas antes, se acercó a la puerta que señalaba la entrada al museo, en esa rara especie de subsuelo del edificio municipal patagonés. Las hojas de madera estaban entornadas, pero ante el intento de abrirlas una cadena metálica opuso resistencia. El imprevisto visitante comprendió que no era horario de visitas y estaba a punto de volver sobre sus pasos cuando una suave voz femenina emergió del hueco en el portal. “Espere joven. ¿Qué es lo que usted necesita?” preguntó una mujer menuda, de mirada celeste y labios pintados de tenue color rosado. “Quería conocer el museo señora, pero si está cerrado vuelvo en otro momento” contestó el muchacho. “No, de ninguna manera, si usted se ha molestado en llegar hasta aquí en una tarde de sol tan bonita el museo tiene que abrirle la puerta” respondió la atenta anfitriona, con una sonrisa cálida, amigable.
Durante la hora y media siguiente el forastero escuchó un relato atractivo y sorprendente, con piratas y gauchos, con indios y negros esclavos, con soldados y mujeres disfrazadas de tales. Cada pieza contaba una parte de una historia coherente, llena de matices. Emma Nozzi , encantadora y vital, era aquella maravillosa guía que abría el cautivante tesoro del pasado. El joven llegado del suburbano bonaerense supo entonces que este rincón de la Patria, que recién empezaba a conocer, sería su hogar; que en algún momento podría sentirse parte de una comunidad que se identifica con su historia, que asume su condición de Patagónica con conocimiento de la causa que le dio origen.
Pasaron los años, aquel joven (yo soy, claro) completó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Viedma, se reinstaló en Buenos Aires algunos años y volvió a Patagones-Viedma, ya definitivamente, en 1978. Desde ese momento la actividad periodística, en LU 15, Televiedma, el periódico La Calle, más adelante en Télam, me hizo frecuentar el Museo en forma regular y tener asiduo contacto con Emma, quien alguna vez (después de presenciar la proyección de un improvisado video realizado por mí, titulado “Patagones, el alma escondida”) me dijo, solemnemente que, desde ese momento podía considerarme “un ciudadano maragato”.
Siguieron su marcha los almanaques. Y como el museo está cumpliendo la misma edad que tengo yo me siento en la obligación de rendirle homenaje. De proclamar mi reconocimiento enorme por el apoyo que me brinda en mis incursiones en el campo de la historia, desde la modesta perspectiva del cronista, del mero contador de relatos escuchados o leídos en fuentes diversas y poco sistemáticas. De anunciar públicamente(tal como ya lo hice personalmente al amigo Jorge Bustos) que en cuanto se normalice el funcionamiento del museo –tras las restricciones por la pandemia- haré entrega de todo mis registros de grabaciones de audio con la palabra de antiguos vecinos, ex funcionarios, dirigentes políticos y sociales, recopiladas entre los años 1995 y 2015 para mi trabajo periodístico; así como la totalidad de mis archivos digitales de notas redactadas para las series “Perfiles y Postales” emitidas por radio Viedma (2003-2005) y publicadas en el diario “Noticias de la Costa” (2006-2011), y también las fotografías digitales tomadas para ilustrar esas notas, incluyendo los recortes en papel de esos mismos artículos. Nada, insignificante aporte para una entidad monumental.
Un museo histórico con una historia propia, cautivante, comprometida con el pueblo sureño que lo hizo posible. Una comunidad que empezará a prepararse para el festejo de los 70 años del Museo “Emma Nozzi”, que ojalá pueda reabrir sus puertas en poco tiempo más, superadas las limitaciones de la cuarentena y del achicamiento presupuestario que impusieron las autoridades del Banco en el ciclo anterior.

(Agencia APP)