El genocida argentino detenido en Río de Janeiro -y que vivió en San Antonio Oeste donde fue declarado “Persona no grata”- tiene mucho para decir sobre el final de Rodolfo Walsh y también acerca del esquema de vuelos de la muerte en el Atlántico y los ríos De la Plata, Paraná y Uruguay.
(Máximaonline.com.ar)(#)En estos días de pandemia, Gonzalo “Chispa” Sánchez fue detenido en Río de Janeiro y quedó a disposición de la Justicia argentina. Regresó esposado y con barbijo, muy cerca de cumplir 70. Ya encanecido, con su rostro y su historia ocultos como siempre para la enorme mayoría. Lejos para siempre de aquel joven musculoso y arrogante que fue la mano derecha de Alfredo Astiz, que es recordado en la ESMA, que está acusado de haber integrado el selecto grupo que asesinó a Rodolfo Walsh y de la desaparición de la joven sueca Dagmar Hagelin, y que además estaría vinculado a los vuelos de la muerte.
Para que quede claro: no fue cerebro de la dictadura. Pero sí uno de los más efectivos personajes de la represión y el genocidio.
Nació en Buenos Aires el 30 de julio de 1951, e ingresó a Prefectura Naval Argentina el 1 de enero de 1975.
Cuentan que en sus comienzos, con algo más de 20 años, brindó datos que impactaron a los cerebros de la represión. Y así se inició en actividades ligadas al genocidio y pasó de técnico a comando.
Aquel joven inquieto y ambicioso viajaba diariamente desde San Isidro a San Fernando para trabajar como técnico naval. Un día contó que observaba la casa vecina de un matrimonio joven que colgaba ropa de niños en la cuerda, pero empezó a confirmar que allí no había chicos y sí movimiento de gente. Pasó el dato al área de Inteligencia de Prefectura, que entonces dependía de la Armada Argentina. Pocos días después hubo un operativo en la casa en cuestión, y desaparecieron varias personas que la frecuentaban. Dicen que a Gonzalo Sánchez le valoraron el dato y esa fue la puerta de entrada a la película de su vida.
En efecto, pasó a operar en el Grupo de Tareas del centro clandestino de detención de la Escuela Superior Mecánica de la Armada (ESMA).

*CRIMEN DE RODOLFO WALSH

Rodolfo Walsh, ícono del periodismo latinoamericano, era un notable periodista y escritor, y activo militante político. La orden era detenerlo vivo para obtener información. Fue localizado el 25 de marzo de 1977 en la esquina de San Juan y Entre Ríos, barrio de San Cristóbal. Un día antes, al cumplirse un año del golpe en la Argentina, había publicado la ya histórica Carta Abierta.
Se cree que el equipo de genocidas estaba integrado, entre otros, por Alfredo Astiz, Jorge “Tigre” Acosta, el prefecto Héctor Antonio Febres (envenenado mientras estaba detenido en Prefectura de Tigre en 2007, hecho impune y silenciado), el policía federal Roberto Oscar González (prófugo) y el prefecto Gonzalo “Chispa” Sánchez. Eran “la selección” para operaciones complejas, aunque con Walsh se asustaron y lo mataron.
“Rodolfo fue muerto en el momento de su detención porque estaba armado con una pistola Colt calibre 22 y esbozó una reacción de resistencia armada. ¡Para la Escuela de Mecánica él era más valioso vivo que muerto! ¡Nadie sería tan estúpido de querer matar a un hombre que era una valiosísima fuente de informaciones…!!! ¡Él resistió, porque sabía lo que le esperaba si era detenido! La idea era capturarlo con vida, más no siempre se consigue lo esperado… Él fue llevado vivo con urgencia y no hubo como mantenerlo con vida. Murió en la Escuela de Mecánica poco tiempo después de ser trasladado con las urgencias del caso por el grupo de tareas”, le contó a este periodista un hombre muy cercano a los protagonistas.
¿Qué pasó después en la ESMA con el cuerpo de Rodolfo Walsh? ¿Dónde dejaron los restos de ese “cadáver exquisito”, como los llama la maffia?
El Equipo Argentino de Antropología Forense ha buscado en los lugares posibles en la ESMA, hasta ahora sin resultados.
Gonzalo Sánchez tiene esa respuesta y también la opción de contribuir.

*VUELOS EN EL DELTA

En 2012, en el libro “El lugar perfecto”, sobre vuelos de la muerte en el delta entrerriano, enlazamos la figura de Sánchez, en ese momento prófugo, con historias conocidas.
Al menos dos testigos ubican a Sánchez con un importante protagonismo, inicialmente en la zona delta y luego en la costa del río Uruguay. Gonzalo Sánchez era técnico naval, para embarcaciones pequeñas y medianas. Desde el sector Operaciones, lo mandaron a Prefectura Zona Bajo Uruguay, a Concepción del Uruguay. Lo recuerdan muy joven, un veinteañero de físico firme que se llevaba el mundo por delante. En Entre Ríos, Gonzalo Sánchez decidía quién vivía y quién moría”, describió un testigo de este libro.
Precisamente, el delta entrerriano fue un lugar elegido para el lanzamiento de prisioneros en los llamados vuelos de la muerte. No parece casual la presencia de un ejecutor elegido y destacado como Gonzalo Sánchez justamente en la zona donde confluyen los ríos Paraná y Uruguay y luego el Río de la Plata, donde se lanzaron centenares de personas.
Los lugareños del delta han relatado que vieron aviones Fokker, helicópteros verdes sin numeración y otros variados. Ellos han rearmado la historia que se intentó ocultar.
Se ha establecido que en la dictadura los vuelos de la muerte salían desde El Palomar (Morón, Fuerza Aérea), Aeroparque Metropolitano (derivados de la Esma), y Campo de Mayo (Ejército). Los primeros iban al Océano Atlántico y un número de cuerpos aparecían en costas uruguayas. Cuando Uruguay se quejó, los vuelos se dirigieron a la Costa Atlántica argentina, y los cuerpos se veían en la costas de Santa Teresita, Mar del Tuyú, Villa Gesell… Y al mismo tiempo al delta entrerriano-Río de la Plata, a sólo 20 minutos de vuelo, el patio trasero de los principales centros clandestinos de detención.
El prefecto uruguayo Daniel Rey Piuma dijo en su libro “Un marino acusa” que “lanzaban en la desembocadura del río Paraná, o antes, desde helicópteros del Servicio de Inteligencia de Prefectura Naval Argentina, SIPNA”, y además habló de cuerpos incinerados.
Una fuente consultada explica que el SIPNA trabajaba desde el Edificio Guardiacostas en función de la ESMA, por lo que esos vuelos también habrían salido desde Aeroparque. El enigmático “Chispa” debe conocer algo sobre el tema.
Gonzalo Sánchez fue un Astiz sin fama, de bajo perfil.
En 2012 le pregunté por él a Maximiliano Arce, que era jefe de Prefectura Argentina, y a quien Rey Piuma acusa de haber conducido los vuelos desde el SIPNA.
-Acá adentro nadie sabe quién es Gonzalo Sánchez- dijo Arce con una sonrisa. Claro, ya habían pasado más de 30 años y como dice un prefecto “a Chispa no le daban destino, lo escondían”.
Al “Chispa”, que prefería destacarse entre sus pares antes que llegar a la fama, se lo vio en los 90 en Gualeguaychú y otras ciudades entrerrianas; luego en Río Negro; más tarde en Mar del Plata ligado a una empresa de altos funcionarios retirados de Prefectura (imputados por delitos de lesa humanidad), que montaron oficinas en el barrio porteño de la Boca. Ahora dicen que estaba ligado a un proyecto turístico en Río de Janeiro, siempre cerca del agua.
En su ocaso podría aportar datos aún no conocidos sobre el destino de los restos de Rodolfo Walsh y también sobre el funcionamiento del esquema de vuelos de la muerte que incluía el delta entrerriano, esa zona de paisajes silvestres que él recorría con elegancia, soberbia y paso firme, cuando creía como pecado de juventud que la impunidad sería eterna. ¿Lo habrá pensado cuando aterrizó con barbijo en Puerto Iguazú, en su regreso sin gloria? ¿Valorará que no lo lanzaron del avión en pleno vuelo?
Lleva medio siglo con un barbijo de acero que está atado con piolas de secretos inconfesables. Seguramente se aferrará al silencio ahora que la película del héroe imperturbable terminó.
Gonzalo hace silencio, las tapas hacen silencio. A Gonzalo no le gusta ser tapa, y a las tapas no les gusta que Gonzalo sea tapa, el oscuro Gonzalo es peligroso. Y hace décadas que las grandes tapas no hablan de estas cosas. Su silencio cómplice no será tapa y su caso se irá diluyendo, no te lo pusieron en la agenda. Mejor que sea anecdótico lo de ese represor ya veterano y despeinado que fue detenido en Brasil, total ahora es tiempo de coronavirus y no de genocidas.
Las tapas nunca hablarán de Gonzalo Sánchez, ambos saben demasiado acerca del silencio.
*FABIÁN MAGNOTTA
Autor del libro “El lugar perfecto” (Vuelos de la muerte en el delta entrerriano)