En política, como en la vida, no sólo hay que parecer. Hay que ser.

El refrán cae de perillas al cumplirse apenas el primer mes de gestión de Pedro Pesatti al frente de la comuna viedmense.

En un interesante artículo con los diarios locales, el intendente resume su labor asumiendo incluso el primer gran costo político de su mandato, el aumento en el boleto de colectivos.

Junto a esas declaraciones y en un simple ejercicio de repaso, se pueden enumerar: hacerse cargo de uno de los principales flagelos de Viedma, la basura; aumentar controles y aplicación de ordenanzas en tránsito; puesta en valor el Balneario El Cóndor como centro del verano; fuerte revitalización de las redes de cobertura social y de contención – demostrada en la explosión de participantes en las Colonias de Vacaciones-, especialmente a través de cultura y deportes.

Una joven madre narraba ante este cronista el nuevo sistema de Colonia de Vacaciones de sus pequeños hijos y en un simple ejercicio de comparación resulta inevitable encontrar el rasgo escencialmente peronista que le ha dado Pesatti

Esos ítems bien pueden catalogarse como “formales” y, con la dispensa opinable, establecer otros “políticos” netamente.

Desde la función política es un hallazgo histórico para la capital rionegrina transparentar definitivamente cuántos habitantes tiene.

Era imposible, por no decir cómico, mantener que habitaban algo más de 65 mil personas la ciudad cuando en la última elección estaban empadronadas 53 mil votantes. Algo no estaba bien.

En apenas un mes Pesatti ya le dio un alto nivel de realizaciones a su gobierno. Logró imponer y que se note que hubo un cambio

Volviendo a los dichos populares, él sabrá como verificar también aquello de que no es tan difícil llegar, sino mantenerse.

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