Como una sentencia bíblica, la comunidad de Stroeder vuelve a disputarle su futuro al pasado pero en pleno presente.

No es un juego de palabras ni el pensamiento de quien quiere decir algo vacuo aunque bonito.

Como si las agujas del reloj de la historia marcharan hacía atrás, la solución encontrada por el conjunto de la política  para palear el problema del suministro de agua en la localidad, es volver al pasado.

Este viernes, entre testimonios desesperados de vecinos que cuentan cómo es la vida sin agua, el Concejo Deliberante de Patagones anunció  gestiones ante autoridades provinciales, una Comisión a tal efecto, el pedido de no cobro a la prestataria privada y otro pedido de créditos blandos para quienes no puedan solventar tanques y bombas.

Sin embargo, en cuanto  a la solución del problema propiamente dicho, el conjunto de las voces institucionales aportaron como solución el empleo de camiones para el acarreo del líquido y vital elemento.

O sea, el camión  aguatero.

Como  antes.

Ya en estos  días publicábamos cómo la existencia de un aljibe en un patio de esas casas de colonos rusos, alemanes, italianos y españoles, se transformó en un bien que cotizaría en Wall Street a valores supra elevados.

Con la presencia de funcionarios del Poder Ejecutivo se arribó a esa conclusión.

Como antes, esperar que llueva.

Stroeder sufre y sufrirá el problema hasta tanto no se resuelva definitivamente lo  que afecta a gran parte del sur bonaerense.

Aquel acueducto desde la vecina Villalonga es tan irresoluto como el famélico lecho del río Colorado, hoy principal víctima de la contaminación y sequía perpetradas por la actividad extravista de las mineras en Cuyo.

Todo indica que la solución vendría desde el sur, más precisamente desde el río Negro.

Volviendo al pasado, el Proyecto WAUTTERS.

El anhelado por los bahienses trasvasamiento del Negro al Colorado.

Por segundo, miles de litros de agua clara y cristalina que corresponden a la cota de la provincia de  Buenos Aires, se van al mar en  el estuario del Negro.

Más temprano que tarde, la potente provincia vendrá por su derecho.

Mientras tanto, el aguatero de siempre y los aljibes de boca abierta a las canaletas parecen ser la única salida para un pueblo a quien  nada le vino de regalo.

El agua tampoco.