1288.

Ese fue el primer premio en el sorteo del mediodía de la quiniela nacional, hoy llamada “de la Ciudad”.

En la jerga quiñielera, el 88 es el Papa.

Y el Papa hoy, 17 de diciembre, está cumpliendo años. 83 para ser más precisos.

Como en un determinismo histórico, una especie de ley no escrita, la quiñiela es de los juegos de azar el más popular de todos los juegos.

Es que, como dice un viejo dicho argento, “las estrellas son el poncho, las quieñielas son los sueños” de los pobres.

En el país una serie de creencias suelen verificarse casi como sentencia divina: el 26 de julio (día de  la muerte de Evita) dificilmente no salga el 33 (los años que tenía la abanderada); el 1 de julio (día de la muerte de Perón) es una fija el 48- el muerto que parla-; el 17 de octubre suele reventar el 74-gente negra- y el 24 de junio revientan los tableros con el 35 (día de las trágicas muertes de Gardel y Rodrigo, “dos pajaritos” cantores del pueblo.

Esta vez, aún las duras críticas e insultos que nuestro Papa recibe en medios de comunicación y redes sociales, demostró estar del lado de los más humildes y les “regaló” un rotundo 1288 a “la cabeza”.

Creer o ni creer, el pueblo siempre tiene ángeles que vienen en su ayuda

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