(FUENTE: Foto// Noticiasnet).- Viedma, como todos sabemos, es una ciudad anterior a la configuración de nuestro territorio como República Argentina, y por lo tanto su historia es previa a toda institucionalidad como Estado nacional o provincial.

Sus inicios se inscriben en la epopeya de habitar un lugar lejano en el mundo conocido, al menos para la cultura occidental de la que hoy somos -en parte- inevitables herederos.

Llegar a estas costas en 1779 (y llegar para habitarlas), no era una tarea sencilla. Requería coraje y conocimiento. Quizá por eso la corona española decidió enviar al mando de esa misión a un agricultor. Trabajar la tierra iba a ser un trabajo impostergable.

Así, la comunidad de Viedma  tiene su origen en el trabajo de labradores que cultivaron el valle bajo de la actual Comarca, cuando las poblaciones de las bandas sur y norte conocían plenamente su nacimiento común.

Mucho después, en 1878, se crea el Territorio Nacional de la Patagonia, que configura la primera referencia institucional para la Comarca. Los primeros 100 años fueron años de agricultura y autosustento. Los habitantes de este valle generaban su alimento con trabajo cotidiano, alejados de todo centro de gravitación político o económico.

Fue así que las tensiones propias de un espacio considerado frontera, primero, y las derivadas del ordenamiento político territorial, después, sometieron a los pobladores de esta zona a una verdadera tormenta de especulaciones y consideraciones muchas veces injustas con su historia de trabajo y esfuerzo.

Recién en la segunda parte del siglo pasado, orillando los 200 años de historia, Viedma es declarada como capital de la provincia de Río Negro. Y recién ahí se puede atribuir a esta zona el peso de ser la sede orgánica y funcional de un estado provincial, con todo lo que ello implica.

A partir de esa situación, se comienza a configurar una percepción de Viedma como “lugar de la burocracia” o definiciones similares que, lamentablemente, logran calar en el sentido común de los propios viedmenses. Esta forma de autopercibirnos que, con evidente mala intención, promovieron y “fogonearon” algunos sectores del status quo provincial, no tuvo ninguna defensa o contraofensiva fuerte hasta la llegada de la Expo IDEVI.

No hay otro espacio anterior a esta exposición, que recupere para los viedmenses ese origen, y mucho menos que lo haga en clave de presente. La Expo IDEVI es un faro para la reconstrucción de una identidad olvidada y silenciada. Pero al mismo tiempo es un llamado de alerta para evidenciar un futuro inevitable e irremplazable. La producción de alimentos es el destino que ya “está escrito en nuestra geografía”.

La Expo IDEVI es el argumento inapelable de una comunidad productiva, que desde las mixturas y diferencias, nos muestra una orgullosa historia de trabajo, con un presente de desarrollo constante y un futuro sumamente prometedor

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