viedma - 14/08/10 iluminacion de la nueva sede de la municipalidad de viedma foto marcelo ochoa

Es un secreto a voces, de esos que corren de boca en boca y de los que nadie vocifera en voz alta porque teme quedar en ridículo.
Una especie de maldición originaria, argumentada en el destrato y genocidio cultural.
Fue cuando el municipio de Viedma se trasladó a sus actuales instalaciones.
Allí funcionaba el Museo Eugenio Tello y, entre sus riquezas, atesoraba restos momificados y óseos.
Cuentan que los Lonkos del lugar reclamaron su propiedad.
Ante la negativa, apareció un “kalku”
El Calcu (o kalku) se caracteriza por ser una persona que se dice utilizaría un poder espiritual para dedicarse principalmente a hacer el daño al prójimo; por ello es combatido por las Machis.
Un Calcu desarrolla un sentido de poder muy similar al del chamán.
Él o ella también tiene pewma (sueños) o perimontun (visiones); pero su principal característica sería que heredaría un espíritu Wekufe, espíritu que anteriormente le entregaba poder a un ancestro que también fue Calcu. Así, los Calcus serían sirviente de los Wekufe y ocuparían el poder de estos espíritus.
El de esta historia lo dijo sin reparos: la cultura de un Pueblo no se aborrece ni se escabulle por nimias puestas en escena de simple sentido común.
Nadie confirma que pasó con esas reliquias.
En el corazón del pueblo se escucha la versión que explica pérdidas.
Desde tiempos inmemoriales, la raza humana diagnostica pero no comprende.
La Parca suele encerrar en barrotes de creencias los reales motivos.
Alguien sabe la verdad, más allá de lo correcto.
Puede que la maldición termine con un gesto de devolución.
No se trata de adherir o confirmar.
Pero que las hay, las hay…