Edgar Allan Poe lo hizo antes que nadie.
Aún antes que Cortázar.
Valdemar agoniza en el Londres de 1845 con su mal incurable.
Su amigo, deseoso de saber los efectos de la hipnosis -de moda en esos años- experimenta con el desahuciado.
En la Universidad de Río Negro pasa lo mismo.
Se experimenta con lo que se desprecia.
El amo y señor de la Universidad, Juan Carlos Del Bello -conocido como “el Emperador” por alumnos y profesores- se mostró junto a autoridades del Superior Tribunal de Justicia rionegrino preocupado por los femicidios.
Lo hizo a su regreso de un inconfesable viaje a la República Oriental del Uruguay, aunque es probable que con viáticos oficiales, por supuesto.
Del Bello tiene un vínculo especial con Uruguay: allí se desempeñó en los años dorados de la última Dictadura argentina en un banco privado de renombre.
Considerada “la Suiza del Plata”, la vecina plaza rioplatense es famosa por haber sido en esos años nido de cuentas off shore y guaridas de los jugosos tesoros arrancados a sangre y fuego de los desaparecidos.
El economista liberal menemista y ahora macrista, que en un momento quiso hacer gala de su exilio, no pudo explicar nunca cómo hizo para trabajar como “mannagement” de un banco de punta uruguayo en pleno Plan Cóndor, donde no volaba una hoja si no se pasaban las trabas de la inteligencia de las dictaduras del cono sur.
Hábil como pocos, Del Bello ahora se las ingenia para mostrar su “política” de lucha contra la violencia de género.
Sin olvidar la muerte por tristeza de un joven discapacitado al que nunca se le cumplió con las tutorías, es interesante recordar cómo trata al “género” la universidad de los Del Bello- Borda.
Dos mujeres, una de ellas a punto de ser legisladora, narraron a este cronista los feos momentos que les tocaron vivir con el operador de Del Bello, Raúl Aragón, quien aprovechaba a las becarias que cobraban 600 pesos por mes y las ponía a hacer encuestas telefónicas que luego vendía a diarios porteños.
Ello ocurrió hace 10 años.
Aragón, quien se hizo famoso en los círculos mediáticos gracias a esa estructura prestada de la UNRN, ya no necesita aprovecharse de jóvenes entusiastas.
Su presencia en la sede del rectorado en Viedma sería sólo para seguir cobrando no se sabe bien que asesoría, aunque se desconoce monto y figura del contrato.
Si se conoce el pago de la tribuna: Aragón se hizo famoso básicamente por su paso en los programas del ex redactor del Financial Times en Buenos Aires y autor de un libro sobre la dinastía de los Alsogaray, Fabian Doman.
Según comentan en las oficinas de la UNRN que funcionan en la ex Peluquería del ilustre Don Salvador Gallo de Viedma, Doman recibe mensualmente su agradecimiento por parte de Aragón vía parientes directos.
Como se sabe, una costumbre repetida en la Universidad del nepotismo.
Parientes contratados, viáticos injustificados, falsedades ideológicas.
El “vivillo” de Del Bello se apuró a “condenar” esta semana la represión a los movimientos sociales en el Congreso nacional porque es muy probable que un organismo internacional interceda por las docentes y estudiantes condenadas por la toma de la sede Roca de la UNRN que fueron desalojadas por gases y perdigones de Gendarmería, en el hecho más condenable de la rica historia de la autonomía universitaria argentina.
Ya llegará el tiempo en que, como Del Bello intenta disimuladamente despegarse de su padrino y mentor, otros empiecen por despegarse del protector de promotores de la última dictadura.
Todo a su tiempo, como el extraño caso del señor Valdemar.
Entonces, entre flujos verdes malolientes, tal vez se haga justicia con tantas y tantos que sufrieron y sufren este despropósito llamado Del Bello en una universidad pública.
Y en algún rincón, retumbará otra vez la confesión del autor de “Rayuela” para quienes mucho antes que este cronista alertaron sobre el desmedido.
“Traducir “El extraño caso del señor Valdemar” fue el paso del periodista al escritor”, confesó Cortázar