Marzo 2016.
“Si tiene garras de león, melena de león y ruge como un león, es león”, escribió en las redes sociales un ignoto periodista patagónico.
Aunque sencilla a la vista de cualquiera, la cuenta resultaba entonces algo aventurera.
Con el 80 por ciento de buena imagen, la ola amarilla encabezada por Macri recorría el país, incluso en nuestra Comarca donde Cambiemos arrebataba el gobierno municipal en Patagones; mantenía el socio radical Viedma y la mueca rionegrina a “lo Alberto” suponía un punto de largada interesante.
En ese contexto, aquella pluma se atrevió a alertar que los días difícles estaban por venir.
Lamentablemente, no se equivocó.
El atroz aumento de los alimentos, algo que ni la dictadura de Videla y Martínez de Hoz se atrevieron; la descomposición del tejido social, condenando por igual a niños y abuelos y la instalación de una matríz sólo especulativa en la economía, hicieron el resto.
El sustento llegó por dos vías bien estudiadas y practicadas durante esos 70 años que tantas veces profetizó Macri.
La cobertura mediática por un lado y el aparato represivo por el otro.
Los medios y sus “famosos periodistas”, que por ejemplo anunciaron la muerte de Cristina y ella con apenas la presentación de un libro les torció la mano.
Hoy escucharlos hacer “autocrítica” dan lástima y demuestran aún más su diabólica lógica.
Hacen “autocrítica pero no muestran una sóla imagen de un pibe con hambre.
Dioses de algodón.
La represión, con más muertes por gatillo fácil y represión en tres años que en toda la democracia recuperada desde el 83.
Lo único bueno que deja el macrismo, tanto en el país como en nuestra zona,es que por primera vez en décadas se blanquean las posiciones.
El ejemplo más contundente, Pichetto.
Tras él, los que han mentido o exagerado, como ese que una vez se enojó con un locutor en un acto conmemorativo del 24 de marzo queriendo contar su supuesta participación militante de los 70 y que ahora demuestra que no sólo no estuvo en esos años, sino que está en las antípodas de la “juventud maravillosa”.
En las paredes de la UB viedmense aún resuenan los sesudos comentarios de un hijo encarpetado prodigándole loas al endeudamiento salvaje.
Si políticamente algo le debemos a Macri es que se terminaron los tibios.
A partir de estos 4 años de ocaso, queda claro quién es quién y de qué lado está.
Mientras tanto, la derecha perdió “glamour”.
Ya no son las frases de Borges sobre la incorrección peronista.
Ahora son los gritos desaforados de Baby Echecopart.
Eso lo logró el macrismo.
No hay Lugones.
Hay Ari Paluch.
No son ya las tertulias de Blackie o Silvina Ocampo.
Son la paupérrima Mirtha Martínez que se hace llamar Legrand .
Necesita el francés para ser la grande, como esos personajes de circos baratos que recorrían los pueblos.
Yendo a nuestro pago chico, el león también está visible.
El ingeniero Isaac gritándole a un maestro que “adoctrina”; la políca apremiando a dos pibes laburantes y Weretilneck endeudando en dólares a los rionegrinos con el flaco Plan Castello.
El león era león nomás.
Ahora, en octubre y sin remedio, habrá que terminar de convencer a los incrédulos que la pesadilla ha terminado.

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