(Foto: Noticiasnet) Asumió Mario Francioni como Intendente de Viedma.
Si bien por una infortunada partida, hoy se adivina el sano orgullo de un viedmense de ley.
Los cinco sentidos del “Beto”, como lo llaman desde siempre familiares, amigos y afectos, son fáciles de adivinar en este frío agosto.
El perfume de cardos abiertos ni bien clarea de la escuelita de campo, donde por años la familia creció por la enorme vocación de un padre y una madre cuya mayor herencia es la contracción al esfuerzo y al trabajo, regó el recinto.
El tacto de ese pibe esforzado en el estudio que egresó del Nacional Viedma y fue cadete en los Tribunales y contador público cuando la economía familiar pudo, acarició la Biblia de una fe inculcada por su bella madre.
Hubo una voz, ni potente ni suave, que exclamó a pecho inflado “Si, Juro…” con el mismo afán con que su padre leía los informativos en la vieja y querida L.U 15 Radio Viedma.
Supo la vista llenarse de lágrimas de emoción como esa vez que en la monogasca curva veía pasar las Ferrari.
Y es fácil imaginar que en sus oídos retumbaron los elogios que su gran amigo Raúl Sale le debe haber enviado desde el lugar de su memoria.
Un tipo honesto y cabal asume el enorme compromiso de culminar el mandato de José Luis Foulkes.
Y se descuenta que lo hará con tino, sensibilidad y esmero.
El purrete aquel que solía salir con una bicicleta enorme con canasto a repartir frutas y verduras de las quintas contra el río, de esas que hoy son recuerdo porque la Costanera y el urbanismo le ganaron a la historia, se sentará frente a hermanas y hermanos con ese cariño pródigo en amor del bueno.
La sangre de un descendiente sanmarinense en honor a aquellos inmigrantes late ahora desde el sillón municipal.
“El Beto” es intendente de su querida Viedma.
El del tenis de Villa Congreso; el fanático de River, el amigo de tantos.
Que bueno, Beto.
Lo que hagas, cualquiera sea su dimensión, será con amor al terruño y respeto al otro.

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