El intendente de Viedma, José Luis Foulkes, falleció este sábado y deja otro ejemplo de lucha contra una penosa enfermedad como ocurriera con su antecesor, Jorge Ferreira.
En términos formales y de acuerdo a la Carta Orgánica municipal, el actual presidente del Concejo Deliberante, Mario “Beto” Francioni, deberá cumplimentar el período.
Por esas raras alquimias y el destino, un justicialista reemplaza a un radical que hace cuatro años compitieron en las urnas.
Inmediatamente se conocieron innumerables muestras de dolor y reconocimiento para Foulkes de todo el ámbito político e institucional.
Foulkes, sobrino de Raúl Ricardo Alfonsín, supo conocer de muy joven los entretelones del poder ya que su padre fue el Mayodormo de la Residencia de Olivos cuando el hombre de Chascomús ocupó la presidencia de la Nación.
En Viedma tuvo una amplia trayectoria en cuestiones sociales y de planificación, ocupando en la administración Ferreira la clave Secretaría de Desarrollo Social y luego la presidencia del Concejo Deliberante desde donde llega a intendente ante el fallecimiento de Ferreira, mandato luego confirmado en las urnas con sendas victorias ante Mario Sabatella y Juan Manuel Pichetto.
Deja Foulkes un municipio ordenado financieramente, con dinero en plazo fijo como fondo anticrisis y la enorme obra del GIRSU que permitirá solucionar el grave problema de la basura para Viedma y la Comarca por 70 años.
Su impronta de muy buen tipo y de enorme respeto al que pensaba distinto le permitieron cosechar el reconocimiento de propios y extraños.
Quizás su último gran gesto haya sido proponer a Mario De Rege como intendente del oficialismo gobernante en Viedma, luego de haber sido este un rival a sus propias aspiraciones.
En lo personal, el cronista que firma esta nota reconoce en José Luis Foulkes un demócrata sin declamaciones, respetuoso de la tarea periodística más allá de pensamientos y dispuesto a contestar críticas y opiniones en el sano respeto.

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