-“Es la anteúltima vez que me mienten; así podrán hacerlo una vez más”
La potente voz del Padre March en el medio de una partida de truco aún resuena en mis oídos.
La sonrisa inigualable del Padre Menestrina era compinche ya que le habíamos ganado unos cuantos porotos con una falta envido y sin nada de puntos en la final de un torneo organizado a la sombra de los cipreses en la pequeña Iglesia de Bahía San Blas en uno de esos retiros llenos de aventuras, pesca, juegos y oración.
Era su sutil forma de aceptar, en el juego, la mentira como argucia para permitirnos a nosotros, todos pibes aún no adolescentes, creernos inteligentes.
Y siempre había lugar para una más.
Como los chapuzones del Padre Martínez en el arroyo de Sierra la Ventana o esa cachetada sonora del cura Nicora en plena hora de música que aún enrojece a este periodista.
Mensajes. Imágenes. Recuerdos de una formación salesiana que nunca perece.
Hoy cumpliría 204 años Giovanni Melchiorre Bosco.
Nació en Becchi, una pequeña aldea pirinea cercana a Turín. Fue un sacerdote, educador y escritor italiano del siglo XIX. Fundó la Congregación Salesiana, la Asociación de María Auxiliadora (ADMA), la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano, el Oratorio Salesiano y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un moderno sistema pedagógico conocido como Sistema preventivo para la formación de los niños y jóvenes y promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América Latina. Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y al mismo tiempo logró mantener la unidad de la Iglesia durante los duros años de la consolidación del Estado italiano y los enfrentamientos entre este y el Papa que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento de la Italia Unificada.
Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta.
Su prestigio como sacerdote y como educador de los jóvenes necesitados o en riesgo, le valió el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero. Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de estado y autoridades eclesiásticas de países como Ecuador, El Salvador, España, Francia, Inglaterra, Polonia, Palestina, Panamá,4​ Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Colombia​ y Venezuela entre muchas otras.
Fue un visionario de su tiempo al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sus salesianos, a la Iglesia católica y al mundo en general.
El 1 de abril de 1934, solo 46 años después de su muerte en 1888, Juan Bosco fue canonizado por el papa Pío XI. Juan Pablo II le confirió el título de «Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes».
Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre.
La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco en 130 naciones.
El Padre “Pepe”, el Padre Ene, el Padre Friedrich, el Padre Cazzeta, el Padre D´Angelo.
Gente bellísima de enorme sabiduría siguieron su obra en nosotros.
Sospecho que Don Bosco no pudo nunca dimensionar el enorme valor de su cometido.
Nadie puede por si mismo imaginar a Ceferino invocado por los pasajeros de un avión cayendo al mar para salvarse.
Ni a ese niño que venció al cáncer en el siglo XXI teniendo a Don Zatti como ángel.
O a la madre desconsolada que supo en su seno que fue Laurita Vicuña quien le devolvió la mirada alegre de su hija.
No creo que nadie pueda.
Adivino que en centenares de miles de mujeres y hombres y a cada segundo obra con el néctar de los membrillos de Fortín Mercedes, la corriente imparable de las acequias de la Quinta de los curas de Viedma y un gol en el ángulo en la canchita del Cardenal Cagliero de Stroeder.
Pero no hay mente humana que pueda dimensionarlo,
Salvo un Santo

- Publicidad -