(Por Héctor Jorge “Coco” Colás, periodista e historiador del peronismo local)
Hace 62 años el general Juan Domingo Perón, derrocado como Presidente Constitucional de la República Argentina por una conjura cívica, militar, clerical, el 16 de septiembre de 1955, se encontraba exiliado en Venezuela. En el mes de marzo de 1957 publicó un libro denominado “Los Vendepatrias – Las pruebas de una traición”. En su contenido de 238 páginas, el ex presidente narra todos los acontecimientos sufridos, la situación del país y el daño que los revolucionarios estaban provocando a todo el pueblo argentino, con su plan de saqueo, entrega y colonización.
Hemos rescatado un pasaje de su rica historia, que con las diferencias que el tiempo y las circunstancias presentan, hay un tema relevante. En las elecciones de ayer el pueblo argentino también se reveló contra los representes de los poderes concentrados del poder económico-financiero, contra los dueños del poder comunicacional y contra un sector de un corrupto y colonizado Poder Judicial Argentino.
Perón decía hace 62 años.
“En esta dialéctica capciosa, el capital extranjero aparece como una especie de ungüento curalotodo que se ofrece gratuitamente para eliminar nuestros males. Felizmente, esas argucias chocan contra la inconmovible resistencia del pueblo, que, con su inmensa sabiduría intuitiva, ha comprendido que ese aparentemente bien alfombrado camino conduce al reingreso a una situación de gran endeudamiento, similar a la que soportó el país durante más de un siglo, durante el cual el trabajo y la riqueza argentina solo sirvieron para elaborar más capital extranjero invertido en la argentina.
El pueblo está dispuesto a no volver a esa condición colonial. Los que se obstinen en ese empeño harán bien en recordar que “cualquiera que quiera desviarse de ese camino será irremediablemente destruido por el mismo pueblo argentino”.
Al levantarse las banderas de la justicia social, de la independencia económica y de la soberanía nacional con los objetivos de hacer feliz a nuestro Pueblo y grande a Nuestra Patria, hemos colocado los cimientos de una Nueva Argentina que se construirá pese a los esfuerzos del “Genio del Mal” por impedirlo. Hay de custodio un pueblo de 20 millones de habitantes en permanente vigilia, adoctrinado y con una exaltada mística que lo garantiza. Poseemos además una doctrina nacional profundamente encarnada y millones de predicadoras que la esparcen por doquier. Una juventud pujante que encarna nuestro ideal y que está dispuesto a morir por imponerlo. Somos invencibles. El tiempo lo dirá.
Sería largo enumerar la serie de calamidades que esta nefasta dictadura de ignorantes, malvados e incapaces, ha desencadenado sobre nuestro pobre país y que justifica el mote de “vendepatria” con el que el pueblo ha bautizado a estos modernos sapátras empeñados en desbaratarlo y destruir todo lo que con tanto esfuerzo habíamos construido para dignificar la vida de los trabajadores argentinos y la grandeza de la Argentina”.

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