El legislador Raúl Martínez (Frente de Todos) realizó un homenaje al cumplirse 130 años de la gran inundación que sufrió Viedma.
“En julio de 1889 hace ya 130 años, una inundación de graves proporciones alteró el funcionamiento de Viedma como capital el territorio nacional de Río Negro y en consecuencia con el traslado a Patagones quedó planteado de inmediato el problema de la permanencia en la vecina ciudad por pertenecer a la jurisdicción de la provincia de Buenos Aires”, indicó.
Martínez señaló que “según el prestigioso periodista local, Omar Nelson Livigni, se presentaron dos soluciones: reconstruir Viedma o trasladar el gobierno a Choele Choel. Esta es una cuestión importante, si se tenía en cuenta que la gobernación, las escuelas, la policía y la cárcel habían sido derribadas tal como lo reconoció el gobernador Eugenio Tello”.
“Posteriormente, el 13 de septiembre, el Poder ejecutivo nacional dio a conocer el decreto trasladando esa capitalidad a la isla de valle medio.
Sigue diciendo el periodista de marras que “la decisión de las autoridades no desanimó a los viedmenses quienes redoblaron sus esfuerzos para devolver la jerarquía que la naturaleza les había arrebatado”, recordó Martínez.
Se organizó una comisión popular integrada por los vecinos Andrés Arró, Eliseo Schieroni, Nazario Contín, Pedro Inda, Jorge Humble, y Manuel Bewnito que se transformó en una influyente corriente de opinión.
El resto de la historia es conocida y Viedma mantuvo la Capitalidad del Territorio patagónico.
“Volviendo a la inundación, al comienzo hubo traslados a las cercanas cuchillas (bardas) para salvar a personas, enseres y animales, finalmente la hermana Carmen de Patagones recogió a los inundados del antiguo barrio que no tuvo diferencias sociales: gobernador, secretario, juez letrado, militares, guardias, presos y vecinos pobres y ricos. Botes, pero lo más eficaz fueron vaporcitos del comandante Santiago Albarracín, jefe de la Escuadrilla del Río Negro. La parte baja de Carmen de Patagones quedó también completamente inundada”, acentuó el legislador.
Y concluyó : “Pero quiero aquí homenajear a los ignotos de siempre; en este caso a los humildes trabajadores del saladero que no pudieron mudarse a Patagones; A los pueblos originarios, ya mancebos o casi esclavos, obligados a quedarse para cuidar las haciendas a orillas de la laguna El Juncal, según el memorable libro de Pita. Quiero recordar aquí a los alojados en la cárcel que fabricaron los ladrillos con los que se reconstruyó la Casa de Gobierno y otros edificios. Y, muy especialmente, a los trabajadores que reconstruyeron la ciudad capital hace 130 años”.

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