Juan Manuel de Rosas era un especialista en la condición humana. De fina pluma -fue un excelente poeta-, conocía como pocos el alma del gaucho. Y lo manejaba con dotes “de adivinador”, según los propios paisanos.
Cuentan que en uno de sus campos se registraron una serie de robos, especialmente de lanares porque fue él también uno de los principales impulsores de la cría de razas ovinas.
El que luego fuese el Restaurador, convocó en plena noche a los paisanos y les ordenó desfilar por un enorme galpón de adobe.
-“En el medio hay una oveja sabia que conoce al ladrón. Tienen que pasar y tocarla. La oveja va a decir quién es el ladrón”, dijo desde sus brillantes ojos celestes.
Del otro lado, el propio Rosas los esperaba con un candil que alumbraba las palmas de las manos.
Todos tenían sus manos sucias con brea.
Menos uno.
Y ese fue el ladrón.
La triquiñuela fue untar el lomo de la oveja con brea y entonces quien no tuviera temor a la “buchona” la tocó sin problemas y sus palmas quedaron manchadas.
El ladrón temió que fuese cierta la dote del animal y no tocó la brea.
Las imágenes de hombres a caballo golpeando a rebencazos a jóvenes en el predio de la Rural de Palermo recuerda la anécdota.
Son los exponentes de un falso gauchaje, más servil y lacayo que patriótico orgulloso.
Son los descendientes de los que permitían a los patrones “el derecho de pernada” con la esposa o las hijas del patrón.
Son los cultores de dichos populares tan agraviantes como “ya está en la edad de merecer” o “pasarla pa´l cuarto”.
Ambas expresiones devienen de la candorosa adolescencia de las hijas del peón que “ya tiene edad para que el patrón o los hijos del patrón se aprovechen”, el primero; y “llevala para mi habitación”, la segunda.
Son los mismos que aplaudían a rabiar que Alfonsín fuese abucheado y silbado por esos mismos que siempre se rindieron patéticos ante los Onganía, los Videla y cuanto dictador les pagara “desapareciendo a la chusma”.
Son ellos, los que creyéndose machos, se aprovecharon de pibas y pibes jovencitos que fueron a manifestar contra el destrato a los animales.
Ellos, que se ufanan de amar al caballo pero corren a rebencazos a pibes indefensos.
El resto lo hacen los idiotas útiles que, sin campo ni caballos, creen que el rebenque ayuda a formar.
Los mismos que son esclavos, sin derechos ni salarios, resultan verdugos gratuitos de la casta que los gobierna.
La manos con brea, las niñas violadas y las esposas entregadas estuvieron en esos altaneros que tan fácilmente golpean a una piba pero que huyen como ratas a besarle la mano a quien le robó su dignidad.