viedma - 18/07/2019 el gobernador alberto weretilneck, el candidato a vicepresidente miguel pichetto, el ministro rogelio frigerio y el vicegobernador pedro pesatti en un tramo de la campaña de Juntos por el Cambio foto marcelo ochoa

El paso de Miguel Pichetto junto a Rogelio Frigerio obligó a terminar con los ambages del oficialista JSRN y tanto Weretilneck como Pesatti (aunque este último visiblemente más incómodo) debieron mostrar públicamente su apoyo a la reelección de Mauricio Macri.
Ya no quedan dudas después de las declaraciones del propio Weretilneck que debió hacerlas para cerrar el acuerdo que le asegura su senaduría y que le permitió ganar las elecciones provinciales.
Pichetto, en definitiva, hizo en su provincia política lo que le aseguró a Macri: destrozar al peronismo.
Cuando el senador habla como habla de La Cámpora y nadie le recuerda que su hijo era dirigente clave de ese entramado, no lo hace porque se quedó en el tiempo.
Lo dice porque expone el nudo principal del problema K desde el 2015 a la fecha.
Son ellos, los dirigentes de esa agrupación que si escuchan un petardo navideño corren, quienes tachan nombres y ponen DNI en las listas de candidatos de todas las provincias, generando bronca y desconfianza en lideres y gobernadores.
Pichetto cuando nombra La Cámpora está mandando ese mensaje a gobernadores y lideres pejotistas:”guarda que estos se quedan con todo”
En el ruedo local puede apreciarse.
No sólo por el taparrabo multicolor del acto en el coqueto complejo bajo el Puente Viejo, donde se dieron la mano funcionarios massaccessistas con duhaldistas; menemistas con veranistas; ucedeístas con antiguos militantes de la izquierda sindical.
Rivales de 40 años en las urnas, juntos contra un enemigo en común.
Es el gran valor histórico de los 12 años kirchneristas: terminó con las falsas posturas.
La vuelta a 1930, donde ganaderos se regodean junto a gremialistas, es gracias al estigma de Néstor y Cristina.
Y crujen las estructuras.
Como la radical viedmense y rionegrina, otrora ama y señora de voluntades y hoy aliada sumisa a quien por años demolió en las urnas.
Creer que la llamativa inmovilización del PJ rionegrino, especialmente en ciudades como Viedma donde va a elecciones en un panorama de inocultable balcanización, es sólo producto del azar es cuanto menos infantil.
Sí algo le asegura Pichetto a Macri es dinamitar el poder de movilización del peronismo, única herramienta política que pone en riesgo la reinstauración oligarquica que representa el descendiente de los Blanco Villegas.
Hasta la pereza de Weretilneck en las municipales de Roca que le dieron el triunfo a otra Soria se podría explicar en esta ingeniería donde la gran enemiga es CFK y lo que representa.
La orfandad de Doñate, García Larraburu y Casas haciendo campaña en Río Negro para la fórmula FF, es la moneda que identifica.
La postal que dejo Viedma este jueves es incontrastable: la maquinaria CAMBIEMOS es enorme y se lleva puesto todo.
Lo que no es propio, lo compra.
Y lo que no puede comprar, lo destruye.
Dos departamentos en el caro Manhattan y una casa de 4,6 millones de dólares son sólo bienes raíces.
La factura es mucho más grande.
La contraprestación empezó hace dos años con votos insólitos en el Congreso y con un proceso interno de dinamitación del peronismo en cada distrito.
La estupidez supina a la rionegrina de avales y unidades básicas, quitando movilización y conducción, algo en las antípodas del Manual de Conducción Política de un tal Juan Domingo Perón, responde a un modelo donde hay más cómplices que héroes
Mientras todo el mundo jugaba a traidores y villanos, en una distracción a la manera de la vieja política inglesa, la arquitectura para romper la base política del movimiento más importante del siglo XX en estos lares estaba en marcha.
Vinieron a exterminar al peronismo como fenómeno cultural, como ese hecho maldito del medio pelo burgués que alentaban Jauretche y John W. Cooke.
Hay responsables directos y ninguno por omisión.
Es fácil detectarlos: son los que ladran dos meses y cobran cuatro años.
En Nación y en las provincias
Nadie pareció verlo.
Sólo Cristina que lo dijo en los balcones de la Rosada en su despedida, allá por finales del 2015: “no vienen por mi; vienen por tus derechos y conquistas”

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