La  dislalia es un trastorno fonológico.

Los trastornos del habla y el sonido son la incapacidad de formar correctamente los sonidos de las palabras.

Los trastornos del habla y el habla también incluyen trastornos de la articulación, disfluencia y trastornos de la voz.

Así, por ejemplo, doctor se transforma auditivamente en “dotor”; o taxi en “tasi”, etc.

Es, fundamentalmente, un aspecto psicológico más que orgánico cuando no existe imposibilidad o sesgo de enfermedad.

La Mafia en tanto organización de fines no santos apela frecuentemente al término “traición”.

Claro que no en los pliegues livianos que el resto de los mortales asumen con vaguedad.

Los mafiosos no la ubican tanto en el paso de una organización a otra, sino en el acto de develar los secretos inconfesables.

En ejemplos claros, Sinagra aceptó al segundo de la banda de “Los Irlandeses” sin que estos reaccionaran porque nadie sospechaba aún de Al Capone.

El tema se agudiza cuando el transfugado cuenta lo que no debe contar.

Así, lo que la generalidad define como traición no lo es para los mafiosos.

En el ámbito empresarial y político, mayoritariamente, ello es aceptado igual.

Nada es grave mientras no se develen secretos.

La “omertá” pena con la muerte al “buchón”, no tanto al que cambia de bando porque ese un día puede volver y traer datos claves.

De la traición de contar temas sensibles, no se vuelve jamás.

Por ello, para la omertá, “hablar de más” es peor que la cárcel o la propia muerte.

El senador rionegrino, hoy candidato a la vicepresidencia de Macri, señaló que con su paso a Cambiemos “se trata de romper con estructuras. La traición es otra cosa”.

Y, en realidad, tiene razón Pichetto.

Para un hombre de enorme formación cultural, ávido de lecturas sobre todo históricas, “la traición” es lo más grave que puede cometerse y se paga con la muerte.

La recepción de “Cambiemos” al todo poderoso rionegrino guarda algo de romanticismo en ese sentido.

Puede que haya estado en el lugar equivocado con disgusto.

Quizás se trate del regreso de uno de ellos que estuvo del otro lado para poder controlar y afianzar vínculos y realizaciones.

Nunca se supo quién de la banda  pasó el dato del horario del tren en que viajaba el contador de Al Capone que al detenerlo permitió condenarlo por evasión de impuestos y no por crímenes y tráficos.

O tal vez si y nunca se supo.

Es el juego perfecto.

Como aquel “argot” francés que la delincuencia parisina se inventó para no ser descubiertos en sus dichos.

La dislalia hace que, por ejemplo, se diga “conseto” en lugar de “concepto”.

El Poder es fantástico.

Uno nunca descubrirá si lo que ocurre es por algo o para alguien.

Para el Poder real, lo blanco suele ser negro y lo negro blanco.

Como en los capítulos de Los Intocables…

 

 

- Publicidad -