Este viernes habrá una vigilia esperando los once años del asesinato del joven Atahualpa Martínez Vinaya y en memoria de su inolvidable madre, Julieta Vinaya.

La cita es en el bar ubicado a metros de la Casa de Gobierno en la esquina de Laprida y Belgrano de Viedma.

Números artísticos, bandas, exposiciones y reflexiones transitarán esa madrugada esperando la llegada del 15 de junio, fecha fatal para la comunidad viedmense por ser este el crimen impune más emblemático de su historia.

Atahualpa era un joven lleno de vida y proyectos que terminaba sus estudios secundarios y preparaba su mochila para viajar a Cuba donde estudiaría medicina.

La investigación de su crimen, llena de irregularidades y fallas, la la presión ejercida en marchas y reclamos, determinó la sustentación de dos juicios que dejaron una enorme grieta al no darse con los responsables ideológicos del horrendo crimen.

Sólo una recomendación del último tribunal que ahonda el dolor y la espera.

La esmirriada figura de Julieta, que dejo su vida en el reclamo de justicia, asoma entre los pliegues de la historia reciente de la capital rionegrina, absorta e impábula ante la arrogancia de la muerte y el poder.

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