Eran los tiempos de oro del menemato.
Privatizaciones, indultos, el 1 a 1 señoreaban al país en cuotas y en 1997 el menemismo ampliaba su base de sustentación.
El beso a Rojas permitió la llegada a las listas “justicialistas” de figuras del deporte, la música, los medios, la empresa.
Reuttemann, Palito Ortega y otros tantos.
Scioli y un amigo de la infancia, un tal Mauricio Macri asumían como diputados.
El presidente Menem llamó a uno de sus preferidos en la Cámara Baja.
El rionegrino había llegado como diputado nacional en 1993 y repetía su mandato después de acordar con el entonces senador Remo Costanzo su permanencia porteña.

Le pedido tenía que ver con una especie de Cicerone, un guía para inmiscuirlos en el mundo apasionante de bancas, asesores y conciliábulos.
Y cumplió el mandato.
No le salieron mal “los pichones”.
Tanto que, por esas vueltas de la vida, ambos competirían en las presidenciales más reñidas de la historia: 2015
La fórmula del oficialismo nacional no sorprende hoy, como no debió sorprender el resultado del 2015.
La suerte estaba echada, como tal vez esté echada hoy.
Por esas raras coincidencias del destino, no me sorprende la fórmula Macri- Pichetto.
Es más.
Humildemente, hace tres meses la anticipé en rueda de mates.
Hace pocos días escribí sobre la traición.
Esa mácula en la política argentina no es privativa de nadie.
Ni siquiera un ferviente K de hoy que en 1995 votó la reelección de Menem, aún después de privatizaciones e indultos, tiene autoridad para catar la traición de nadie.
Es famosa aquella declaración de Perón a un periodista español cuando le preguntó sobre la conformación partidaria de los argentinos
-“Bueno, mire…en Argentina hay una parte de conservadores, otra parte de radicales y otra de socialistas”, dijo el general.
– Pero cómo…no hay peronistas?”, preguntó el periodista.
– “Ahh…no…peronistas somos todos”, dijo el Pocho.
Para no irnos lejos, vean si no a Weretilneck y su pata peronista; a Zara y sus “compañeros” de ruta.
Sin esos peronistas jamas hubiesen ganado sus elecciones.
Insisto.
La traición no prospera, como dijo el poeta inglés.
Prosperan los traidores