“La traición no prospera”, dijo un poeta inglés.

Y no prospera porque, de hacerlo, una vez conocida,  deja de ser traición.

Desde tiempos inmemoriales, los actos traicioneros no registran reuniones, ni diálogos ni órdenes.

Son charlas informales, datos de unos a otros, sugerencias, mensajes en códigos hasta que él o los ejecutores no saben muy bien ni quién los contrató ni para qué sirve lo que hacen.

Como en un pelotón de fusilamiento, con todas balas de fogueo y una sola de plata.

Nadie sabe quién disparó el tiro mortal, ninguno es culpable.

Julio César, Urquiza, Kennedy, Vandor…todos víctimas de crímenes que cambiaron la historia en cada lugar y sin conocerse nunca sus ideólogos.

En eso reside el poder del Poder real.

Tiene dinero, contactos y tiene siempre el mejor de los verdugos: el tiempo.

Eso pasa en la Argentina de hoy.

Mientras se deja correr a las mayorías detrás de ilusiones efímeras, el Poder real construye su traición.

El mejor ejemplo es este año electoral.

Intendentes y gobernadores se apuraron a llamar a elecciones separadas de las nacionales para no tener que traccionar votos a favor de nadie.

Eligiendo por separado, son ellos y solo ellos los que salvan la ropa en cada territorio.

Creer que los triunfos antimacristas suman en la general de octubre es cuanto menos de ilusos.

Quién puede asegurar que la dupla Fernández Fernández ganará por paliza a Macri porque las provincias votan contra Cambiemos en las elecciones distritales?.

Nadie

Y allí reside la clave de la traición en marcha.

Yo me salvo y en las nacionales, el que quiera los votos, que lo vengan a buscar, dicen en cada gobernación o intendencia.

Fueron los gobernadores de lo “nacional y popular” quienes le permitieron a Macri vía sus diputados y senadores implementar las políticas que hoy tibiamente dicen enfrentar.

Les encantan los bombos.

Pero más le gustan los restaurantes de Puerto Madero.

En la Argentina 2019 creer que el periodista Sylvestre es un Jauretche moderno porque te dice que dice lo que otros no dicen y olvidar al mismo Sylvestre que halagaba el caro y lujoso traje con el que se vestía aquel indio dirigente del FMI que nos llevó al latrocinio del 2001, es tan iluso como los troyanos que aceptaron el regalo de un gigante caballo de madera repleto de tirios.

Desde el Instituto Patria parece que no aprendieron la lección del 2015 o, en el peor de los casos, están repitiendo la traición al imponer desde cuatro cuadras del obelisco los diputados y senadores para cada provincia.

Y la izquierda que vuelve a amagar con el voto en blanco en segunda vuelta.

Mientras tanto, el Poder anida su traición en los idiotas útiles.

Hay una forma, una sóla de comprobar la traición en ciernes si se quiere dar crédito a este editorial.

No será Cristina exclamando ilusa cual Julio César “Tú no Brutus” a los Uñac, los Weretilneck, los Saa, las Bertone, etc.

Si en diciembre el dolar cotiza a 70 pesos y el litro de nafta a 150, no será porque el Emperador superó las cuchilladas por la espalda.

Como dato no debe olvidarse que el teatro en cuyas escaleras se asesinó al César se llamaba “Argentum”, plata en latín, que todos sabemos desde chicos que de allí deriva la Argentina.

Vade retro…

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